París.- En este juego, disponible hace poco para ordenador y pronto para consolas, el jugador encarna a los miembros de una familia judía francesa oriunda de Polonia y los sigue en su periplo bajo el régimen de Vichy hasta su arresto en 1942 y su traslado al campo de Pithiviers, de donde son deportados.
La evocación del Holocausto sigue siendo tabú en el mundo de los videojuegos y pocos programadores se han arriesgado a tratar el tema.
«Existe el miedo de hacer un juego trivial o de simplificar demasiado» la cuestión, explica Eugen Pfister, investigador en la Escuela de Arte de Berna y especialista de videojuegos.
«También se teme que no se pueda hacer un juego de forma ética», añade.
Entre los títulos que han tenido más éxito estos últimos años, hay una excepción: la serie Wolfenstein, especialmente «The New Order» (2014), en la que el personaje principal se introduce en un campo de concentración ficticio en Croacia.
Pero este juego se sitúa en un universo alternativo, donde los nazis ganan la Segunda Guerra Mundial, y no propone una representación realista del Holocausto.
«Se ven las chimeneas, los vagones e incluso la selección de prisioneros, pero nunca se habla de campos de concentración ni siquiera de judíos», explica Pfister.




