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sábado 25, abril, 2026

Un juego de reelección e impunidad

El juego es nítido: reelección por impunidad. Está ocurriendo en el patio. Sí, en el bendito suelo dominicano, sembrado de sorpresas y bendiciones para todos, aun para los corruptos. Todos caben en el arca donde se reparten los regalos de la suerte. A unos les toca más que a otros. La fortuna no sonríe igual, no tiene la misma agraciada sonrisa para todos. Repito: unos se llevan la libertad, otros la impunidad; todos, la suerte de seguir siendo honorables y ciudadanos respetables. Intocables, inmaculados, limpios: esos son los orondos señores de cuello largo y corbata de seda, enriquecidos hasta la coronilla. El pueblo dominicano bendice a sus mejores hijos, premiando a los más asquerosos, esos que se han enriquecido de una manera rastrera y escandalosa. Pero como comoquiera, siguen siendo intachables y relucientes. Más hombres que mujeres. Pasaron por el Estado, engordaron sus bolsillos, medraron a manos llenas. Pero nadie se atreva a acusarlos. Están libres de maldiciones. La justicia castiga a los honestos y galardona a los asquerosos. Sentencio: Todos los pobres son culpables hasta que demuestren su supuesta inocencia, así como todos los ricos son inocentes hasta que demuestren su presunta culpabilidad.

El mejor ejemplo ocurrió ayer nomás. A ese señor, un Guerrero del Gobierno pasado, lo soltaron a pesar de estar seriamente acusado. Las acusaciones se van desvaneciendo y así mismo se va apagando el grito de justicia. Ese señor, hay que reconocerlo, pasó por el fuego de la cárcel solo para verse en libertad, burlando al sistema y a la ciudadanía. Un pacto secreto le devolvió el precioso don de la libertad. Y ahora, en las calles, alzará sus alas de hombre libre y exigirá la limpieza de su pudor, el brillo de su reputación recobrada. Las manchas darán paso a una exaltación pública de grandeza moral. Se engrandecerá sobre los hombros de todos los borregos, que se quedarán como meros espectadores ante el escándalo de la impunidad que desfila ante ellos. La capacidad de asombro, ha dicho alguien, se ha ido para siempre.

Otros siguen tras las rejas, esperando la caricia complaciente de Temis. El juego es un intercambio de bondades y favores. Si me respondes, si rompes la alianza aquella, te libero a los que faltan; de lo contrario, seguirán en prisión y pagarán bien caro su hambre de riqueza. Y puedo ir a por ti. Más de una vez, el jefe morado aparece en expedientes muy escandalosos, esos que envuelven a sus compinches más íntimos. Los amigos se sacrifican por su gran canchanchán. Juntitos en las buenas, inseparables en las malas: se juraron un pacto de fidelidad hasta la muerte. Todavía les queda un hilo de lealtad. Al menos no han perdido la vergüenza del compromiso y de la palabra empeñada. El compadrazgo es irrompible.

Esos tercios saldrán a la poste, creo que más temprano que tarde. Devolverán una ínfima parte de lo distraído. Volverán a sus orondas oficinas. Seguirán metidos en el juego sucio de reelección por impunidad. Y hasta regresarán a la placidez del Estado, donde seguirán haciendo lo que saben hacer. Nada de eso volverá a importar, porque después de todo, reinará el jueguito asqueroso de la reelección por la impunidad. Libertad sin castigo.

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