Santo Domingo.- El sedentarismo se ha convertido en uno de los principales riesgos para la salud moderna. No genera síntomas inmediatos ni provoca dolor al inicio, pero sus efectos se acumulan de forma progresiva.
Permanecer largas horas sentado, con escasa o nula actividad física, es hoy una práctica común en oficinas, hogares y centros educativos, con consecuencias directas en la calidad de vida.
¿Qué se considera una persona sedentaria?
Una persona sedentaria no es únicamente quien no practica ejercicio. También lo es quien pasa la mayor parte del día sentado o acostado, con movimientos mínimos. Jornadas laborales frente a una pantalla, traslados prolongados en vehículos y el uso excesivo de dispositivos electrónicos han reducido de forma notable el movimiento diario.
Estudios y evidencia científica
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que cerca de 1,800 millones de adultos no alcanzaron los niveles recomendados de actividad física en 2022, y que la falta de movimiento aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, demencia y ciertos tipos de cáncer como el de colon y mama.
Una revisión sistemática y meta-análisis de múltiples estudios encontró que las personas con altos niveles de sedentarismo tienen alrededor de 30% más riesgo de enfermedad cardiovascular fatal o no fatal en comparación con quienes pasan menos tiempo sentados, y que cada hora adicional de sedentarismo se asocia con un aumento del riesgo.
Impacto en la salud física y mental
El sedentarismo está vinculado con un mayor riesgo de obesidad, hipertensión arterial y problemas musculo-esqueléticos. Al mismo tiempo, la falta de movimiento tiene efectos negativos en la salud mental, favoreciendo el estrés, la ansiedad y los trastornos del sueño.
Muchos de estos riesgos persisten incluso en personas que realizan algo de ejercicio formal pero permanecen sentadas gran parte del día, lo que refuerza la importancia de reducir el tiempo de inactividad.
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Un hábito que se normaliza con el tiempo
Uno de los mayores peligros del sedentarismo es su carácter silencioso. El cansancio frecuente, el aumento de peso, la falta de energía o los dolores de espalda suelen asumirse como parte de la rutina, sin relacionarlos con la inactividad física. Cuando se produce una alerta médica, en muchos casos el problema ya está avanzado.
Moverse más no requiere grandes sacrificios
Combatir el sedentarismo no implica rutinas extremas ni gimnasios costosos. Caminar 30 minutos diarios, utilizar las escaleras, levantarse periódicamente durante la jornada laboral, realizar pausas activas o ejercicios sencillos en casa puede generar beneficios significativos para la salud.
La constancia como factor clave
Especialistas coinciden en que el movimiento regular debe incorporarse a la vida diaria al igual que una alimentación balanceada y un buen descanso. Reducir los períodos prolongados de inactividad mejora la circulación, la concentración y el bienestar general.
Un riesgo evitable
En un contexto donde las enfermedades crónicas siguen en aumento, el sedentarismo destaca como un factor de riesgo prevenible. Reconocerlo y adoptar cambios simples pero sostenidos puede traducirse en una mejor calidad de vida y en un envejecimiento más saludable.




