(EFE).- Renault perdió 8,008 millones de euros en 2020, el peor resultado de su historia, en buena parte a causa de su socio Nissan, aunque la situación empezó a mejorar en la segunda mitad del año, con lo que la dirección muestra una esperanza prudente sobre los efectos de su plan estratégico.
«La resurrección ha empezado«, señaló el consejero delegado, Luca de Meo, en la presentación este viernes de unas cuentas anuales marcadas en primer lugar por el lastre de 4,970 millones de euros de Nissan, en el que Renault es el primer accionista.
Pero más allá de la contribución negativa de Nissan, el resultado de explotación de Renault en 2020 también incluye un agujero de 1,999 millones de euros, que contrasta con los 2,105 millones positivos que había obtenido el ejercicio precedente.
Pesaron en las cuentas de explotación los casi 1,000 millones de euros de cargas por los costes de la reestructuración que puso en marcha la empresa desde el primer semestre y por el ajuste del valor de los activos.
EL CORONAVIRUS HUNDIÓ LAS VENTAS
Sobre todo, la crisis del coronavirus trastocó completamente el sector del automóvil, en particular en Europa que es el principal mercado de Renault.
La consecuencia fue que sus ventas el pasado año cayeron un 21,3 % para quedar en 2,95 millones de vehículos y la facturación un 21,7 % hasta los 43,474 millones de euros.
De Meo y su directora financiera, Clotilde Delbos, hicieron hincapié en que la nueva estrategia centrada en la rentabilidad y no en el volumen de ventas ya empezó a dar resultados desde el segundo semestre.
En la segunda mitad del año el resultado de explotación salió de los números rojos, aunque con unos raquíticos 8 millones de euros y el margen operativo también fue positivo, con 866 millones, un 3,5 % del volumen de negocios.
OTRO AÑO DIFÍCIL EN PERSPECTIVA
El consejero delegado advirtió de que «2021 será otro año difícil» y, ante la falta de visibilidad en particular sobre un futuro inmediato marcado por la continuación de los confinamientos y las restricciones en Europa, Renault no se ha fijado objetivos a corto plazo.
Los únicos que confirma son los del plan estratégico Renaulution presentado en enero, con el que se espera en primer lugar alcanzar un margen operativo superior al 3 % de aquí a 2023.
Además, como ya se ha cubierto el 60 % del programa de reducción de 2.000 millones de euros de costos fijos anunciado en mayo, frente al 30 % inicialmente previsto para fin de 2020, se ha ampliado la ambición hasta 2,500 millones para 2023.
Un problema añadido este año será la escasez de componentes electrónicos que afecta a todo el sector y que, en el caso de Renault, podría poner en peligro la fabricación de hasta 100.000 vehículos de una producción que en condiciones normales rondaría los tres millones.





