El Estrecho de Ormuz es una angosta vía marítima que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán, por donde circula casi el 30 % del petróleo mundial. En medio del actual conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos, su estabilidad se ha vuelto una prioridad geopolítica global.
Cada día, transitan por sus aguas entre 17 y 19 millones de barriles de crudo, así como más del 20 % del gas natural licuado del planeta, en rutas que abastecen a Asia, Europa y América. Un cierre o bloqueo afectaría de inmediato los precios del petróleo y podría desatar una crisis energética de escala internacional.
Irán ha amenazado en varias ocasiones con cerrar el estrecho como represalia ante agresiones militares o sanciones, como ocurrió en episodios pasados. Aunque aún no lo ha hecho, la tensión creciente con Israel y EE.UU. revive el temor a una medida que tendría repercusiones económicas inmediatas.
Desde hace décadas, el paso es considerado un punto de estrangulamiento estratégico, también conocido como «choke point», donde un solo incidente puede interrumpir el suministro global de energía. Por ello, Estados Unidos mantiene activa su Quinta Flota Naval en Baréin, con aliados que patrullan la zona y garantizan la libertad de navegación.

En caso de un cierre, los precios del petróleo podrían dispararse hasta un 50 % o más, según estimaciones de analistas energéticos, generando presiones inflacionarias y encareciendo los costos del transporte marítimo y la producción industrial en múltiples países.
Además, aseguradoras marítimas elevarían sus tarifas, el comercio global se vería alterado y varios países consumidores, como India y China, tendrían que reconfigurar su logística energética. Las grandes petroleras, por su parte, ya han activado planes de contingencia.
La historia detrás..
El Estrecho de Ormuz ha sido un escenario recurrente de tensiones y conflictos militares a lo largo del tiempo. Durante la guerra entre Irán e Irak en los años 80, se convirtió en un campo minado para buques petroleros, marcando una de las etapas más peligrosas para el comercio marítimo global.
En ese período, ambos países atacaron la infraestructura energética del otro, y numerosos cargueros fueron blanco de misiles y minas. Ante el riesgo de colapso en el suministro global de petróleo, Estados Unidos intervino escoltando embarcaciones kuwaitíes bajo bandera estadounidense, en lo que se conoció como la Operación Earnest Will.
Con solo 33 kilómetros de ancho en su punto más angosto, y apenas 3 kilómetros de espacio navegable por sentido, el estrecho es extremadamente vulnerable. Cualquier incidente, desde un sabotaje hasta un bloqueo con drones o lanchas rápidas, puede paralizar el tránsito y provocar efectos en cadena.

Además de las amenazas militares directas, el verdadero riesgo está en el frágil equilibrio político de la región. Irán, que domina la costa norte del estrecho, ha utilizado históricamente su ubicación como carta de presión diplomática frente a Occidente, especialmente cuando enfrenta sanciones o conflictos con EE.UU. o Israel.
Por ello, cada escalada bélica que involucra a Irán, ya sea por su programa nuclear o por enfrentamientos indirectos con aliados de Occidente, coloca al Estrecho de Ormuz en el centro de atención. Su cierre, aunque no ha ocurrido, es una amenaza siempre latente, con capacidad de reconfigurar la economía y la seguridad global en cuestión de días.
En múltiples ocasiones durante su mandato, Ahmadineyad se refirió al Estrecho de Ormuz como “la yugular de la economía mundial”, subrayando el poder estratégico de Irán sobre esa vía marítima crítica y sugiriendo que, en caso de agresión o sanciones, Teherán podría usarlo como herramienta de presión.
La frase se volvió famosa especialmente en el contexto de las tensiones nucleares entre Irán y Occidente y las sanciones impuestas por EE.UU. y la Unión Europea entre 2010 y 2012. Fue una manera de advertir que el cierre del estrecho, aunque drástico, estaba sobre la mesa como medida de represalia.
Repercusiones en la actualidad
Irán controla la costa norte del estrecho, mientras que Omán vigila la costa sur. Cualquier conflicto que involucre a Irán implica un riesgo directo sobre esta vía, que ha sido usada como herramienta de presión diplomática por parte de Teherán.
Por estas razones, el mundo mira con inquietud cada movimiento militar cerca del Estrecho de Ormuz, consciente de que su bloqueo alteraría los mercados, afectaría el comercio global y pondría en jaque la seguridad energética internacional.




