La participación de Irán en la Copa Mundial de fútbol 2026 está en duda tras la escalada del conflicto en Oriente Medio, marcada por ataques coordinados entre Estados Unidos e Israel que resultaron en la muerte del líder supremo Ali Khamenei. Dirigentes del fútbol iraní expresaron incertidumbre sobre la viabilidad de la selección para competir en territorio estadounidense, donde están programados tres partidos de la fase de grupos en junio.
La FIFA mantiene una postura de vigilancia mientras se evalúa si la federación iraní se retirará o si el gobierno estadounidense bloqueará su entrada. La salida de Irán, una potencia asiática clasificada, facultaría a la FIFA para buscar un reemplazo discrecional, posiblemente Irak o Emiratos Árabes Unidos. Un retiro conllevaría graves consecuencias financieras, incluyendo la pérdida de más de 10 millones de dólares en premios y posibles multas disciplinarias.
A solo tres meses del inicio del Mundial 2026, la participación de la selección de Irán se encuentra en una situación crítica. La escalada de violencia en Oriente Medio, tras ataques coordinados de Estados Unidos e Israel que resultaron en la muerte del líder supremo Ali Khamenei, ha fracturado las relaciones diplomáticas. Mehdi Taj, alto mando del fútbol iraní, expresó su pesimismo sobre la viabilidad de competir en un torneo organizado precisamente por uno de los países involucrados en el conflicto.
El calendario establece que Irán debe jugar sus tres partidos de fase de grupos en suelo estadounidense, específicamente en California y Seattle, entre el 15 y el 26 de junio. Sin embargo, la tensión es máxima: tras los bombardeos, Irán respondió con misiles hacia aliados estratégicos de Washington, como Qatar y Arabia Saudita. Esta inestabilidad pone en duda si la federación iraní decidirá retirar al equipo o si el propio gobierno de EE. UU. impondrá bloqueos que impidan el ingreso de la delegación.
Desde la FIFA, el hermetismo es la norma. El secretario general, Mattias Grafström, se limitó a señalar que vigilarán la evolución de los hechos, mientras que el presidente del organismo, Gianni Infantino, posee facultades discrecionales para decidir el futuro de la plaza de Irán. Mientras tanto, en la Casa Blanca, funcionarios como Andrew Giuliani han restado importancia a las complicaciones deportivas, priorizando la situación política y celebrando lo que consideran una oportunidad de cambio en la región.
En términos deportivos, la ausencia de Irán sería una pérdida notable, pues la selección ocupa el puesto 20 del ranking mundial y es una de las potencias de Asia. El sorteo realizado en diciembre les otorgó un grupo competitivo junto a Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto. Pese a que se prometieron exenciones de viaje para los atletas, la realidad del conflicto bélico y la negativa de visados a directivos iraníes sugieren que el panorama para los jugadores será sumamente hostil.
Si Irán optara por retirarse o fuera excluido, las consecuencias financieras serían millonarias, perdiendo más de 10 millones de dólares en premios y enfrentando multas severas de la FIFA. Además, el reglamento permite al organismo rector elegir un reemplazo, que presumiblemente sería Irak o Emiratos Árabes Unidos por méritos en las eliminatorias asiáticas, aunque las reglas no obligan a que el sustituto pertenezca a la misma confederación.
Este escenario recuerda el precedente de 1992, cuando Yugoslavia fue excluida de la Eurocopa debido a las sanciones de la ONU, permitiendo la entrada de Dinamarca, quien finalmente ganó el trofeo. A medida que se acerca el 11 de junio, la comunidad internacional observa si el fútbol podrá mantenerse al margen de la guerra o si, por el contrario, el Mundial 2026 quedará marcado por la ausencia de uno de sus competidores más fuertes de Asia.




