Lo de Palma Sola era un rito sagrado, pero acabó bañado en sangre y muerte: fue allí donde ocurrió una masacre y un deicidio. Ese culto, rendido con devoción a un curandero-leyenda, fue demolido por fuerzas poderosas, y el mito rodó por el suelo hecho añicos. La leyenda fue pasada por las armas. Ocurrió, apenas tengo que repetirlo, el 28 de diciembre de 1962, un día grande y escalofriante. Los dioses de la tierra conspiraron y derribaron el fabuloso imán de Palma Sola, un caserío rural de San Juan de la Maguana. Ese villorrio maravilloso atraía enfermos que acudían en busca de cura para sus males.
Claro, la leyenda viene de otros tiempos más felices, pero igual de fabulosos. Olivorio Mateo, el gran Papá Liborio, montó una guerrita de resistencia contra los yanquis intrusos que en 1916 se adueñaron del país. Vagó por las lomas escondiéndose de los nuevos amos de la República. «Que salga el mal y entre el bien», decía con fuerza mientras blandía un palo en sus manos. Era su forma de sugestión más intensa, que obraba milagros al instante. Así, el enfermo sufría la sugestión y sacaba de su interior la fuerza del milagro: era curado y la fama se expandía con rapidez inusitada. Liborio andaba de boca en boca. No podía ser hombre: era dios, grande y milagroso, que ejercía poderes sobrenaturales.
En 1922 atraparon al curandero-guerrillero, lo asesinaron y su cuerpo fue exhibido en público para escarmiento de la gente. El dios de San Juan había muerto. Era hombre a fin de cuentas. Sin embargo, el culto se fue extendiendo y la fama creciendo. Las supersticiones se vuelven imparables. La «agüita» de Papá Liborio seguía viva, obrando prodigios y maravillas, derramando bendiciones a todos por igual. Los devotos paralizaban las actividades económicas y con su culto dejaban grandes pérdidas a los comerciantes. Ese atentado contra el comercio era insoportable. Una razón política se unía a los comerciantes:Juan Bosch, un pedagogo popular y un sembrador de conciencia, había ganado las elecciones ocho días antes, el 20 de diciembre, con casi el 60% de los votos. Fue un triunfo arrollador y aplastante. Los enemigos estaban al acecho.Conspiraban y se lanzaron a la aventura. No importó el precio ni la sangre.
Ese 28 de diciembre, un pesado contingente militar y policial irrumpió y profanó el lugar sagrado. Se armó una intensa batalla. Los líderes del culto, los hermanos Rodríguez Ventura, fueron hecho trizas: cayeron bajo el terror de las armas. Con ellos también cayeron otros devotos y seguidores, que batallaron sin cesar contra las fuerzas oficiales. De uno y otro lado fue crudo el enfrentamiento. Murió el general Miguel Rodríguez Reyes, rumorado como el ministro de las Fuerzas Armadas de Bosch, y salió gravemente herido Francisco Alberto Caamaño Deñó, que habría de convertirse en héroe nacional unos años después. Rafael Guillermo Guzmán Acosta participó en la pelotera y asistió a Francis Caamaño.
Hay más de una versión. Para unos, los comerciantes ,sobre todo extranjeros establecidos en la zona, fueron los responsables por las grandes pérdidas que sufrían. Para otros, una conspiración de Estado quería impedir la juramentación de Bosch.





