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viernes 17, abril, 2026

Ni gato ni perro: dos vacas se convierten en animales de compañía en un caso casi único en España

España.- Mientras la mayoría de los hogares optan por perros, gatos o incluso aves como animales de compañía, en Andalucía, al sur de España, la historia es muy distinta. Allí, un hombre decidió convertir a dos vacas en sus mascotas, en un caso considerado casi único en el país.

Se trata de José Antonio Oria Fernández, un vecino de 60 años de la localidad de Lepe, quien hace dos años rescató a los animales cuando apenas eran terneros recién nacidos y estaban destinados al sacrificio. De no haber intervenido, habrían terminado formando parte del menú de una comida a la que él mismo había sido invitado.

Lejos de ese destino, hoy las vacas bautizadas como Tiberia 1 y Tiberia 2, nombres asignados por el veterinario están registradas oficialmente como mascotas, al igual que cualquier otro animal de compañía. Ambas conviven con Oria Fernández en su finca de 14 hectáreas, ubicada junto a la playa, donde pastan libremente y forman parte de su vida cotidiana.

«Comencé a acariciarlas y eran muy cariñosas, y decidí que no las matarían», contó Oria a EFE. Añadió que les dijo a sus anfitriones que él compraría «toda la carne que hiciese falta para la comida, pero esas vacas se iban para Lepe», donde vive.

Minutos después ya estaban en su automóvil y, cuando llegó a su pueblo, fueron directas a la finca.

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Un proceso legal poco común

Este caso, casi único en España, es el resultado de una mezcla de burocracia, ternura y resistencia, ya que Oria no sabía cómo salvarlas legalmente del sacrificio. Así que decidió adoptarlas como animales de compañía, por lo que tienen los mismos derechos que cualquier mascota aunque con algunos matices a la hora de pasearlas o alimentarlas.

Según contó, tuvo que rellenar decenas de documentos para poder tener legalmente las vacas como animales de compañía: un día recibió una carta que le informaba de que, para tenerlas consigo, la normativa exige un código de explotación ganadera, instalaciones reguladas y que los animales lleven los correspondientes identificadores en las orejas para su trazabilidad.

Entonces, Oria investigó y encontró una ley sobre protección de los derechos y el bienestar de los animales que permite tener como mascotas a animales de producción, siempre que dejen de tener esa finalidad. Y con la condición de que sean inscritos como animal de compañía en el registro correspondiente.

Así, Oria acudió a un veterinario y comenzó todo el proceso: «Tienen sus papeles, su microchip y todo lo que tiene cualquier animal que viva con sus dueños», explicó, y mostró incluso un certificado médico que asegura que, para algunas de sus dolencias, es recomendable convivir, pasear y acariciar a estos animales.

El propietario de las vacas, que impresionan ver de cerca, indicó que lo que hizo es algo normal porque se basa «en defender la vida» de estos animales; y aseguró que la única diferencia con otros que puedan vivir en casa es que, «cuando tiene que verlas el veterinario, en lugar de llevarlas directamente a su consulta, es él el que viene a la finca».

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