La fuerte crisis dominico-haitiana está sobre la mesa de la diplomacia continental y más allá, puesto que se ha barajado en las Naciones Unidas también. De este modo ha alcanzado una dimensión mundial. Las querellas y medidas dominicanas no han dado los resultados esperados: Haití sigue con su puerta cerrada en Dajabón, negado a todo intercambio comercial, en abierto desafío a las autoridades dominicanas. Es un contrabloqueo. Así, mientras la cuestión sube de temperatura, se revela con nitidez una necesidad cada vez más urgente: la necesidad de abrir nuevos mercados para colocar los productos dominicanos, esos que la sinrazón haitiana no quiere y rechaza con su clásica rebeldía.
Debo reconocer que el Gobierno haitiano ha jugado sus mejores cartas y sus maniobras diplomáticas lo ratifican como un trapecista de la diplomacia continental. Primero, dijo con descaro y poco disimulo que el canal no era su obra y que, al ser construido por ciertos sectores, no podía detenerlo: se vendió como un muchacho inocente ante los poderosos intereses que levantan la frágil estructura. Después, en un giro maquiavélico y espurio, se quitó la careta al declararse abiertamente a favor de la obra: desnudó su mala fe y su inquina. Claro, Ariel Henry no es más que un pelele movido por los hilos invisibles de las manos siniestras que asesinaron a Jovenel Moïse y podrían reventar al debilucho premier. Él sabe que camina sobre un filo peligroso, y yo lo reconozco. Esta es la causa escondida de sus volteretas y maromas. Sin embargo, ante la internacionalización y mundialización de la crisis, Puerto Príncipe se ha rendido a los pies del mundo aceptando, por fuerza más que por voluntad, la pronta intervención de la OEA.
Ese organismo continental se ha convertido en una fiscalía diplomática y en un campo de batalla. Sucedió la semana pasada, con la comparecencia del canciller Roberto Álvarez, de un lado, y del inquieto representante de Haití ante la OEA, Léon Charles, de otro lado. Este diplomático haitiano dijo una y otra vez que la construcción del problemático canal de agua no se va a detener, y con la misma actitud desafiante le reprochó a República Dominicana que tenga 12 conexiones hídricas en la frontera y que, a pesar de ello, no quiere que Puerto Príncipe aproveche las aguas binacionales con el mismo derecho que tiene Santo Domingo.
Las palabras del diplomático cayeron pesadas y fueron una ardiente respuesta al canciller dominicano, Roberto Álvarez, que momentos antes había condenado una vez más la construcción del polémico canal y había reclamado su detención inmediata para enfriar las relaciones y reemprender el urgente camino del diálogo y la diplomacia como vía de solución a la crisis.
A la réplica de Charles siguió la contrarréplica de Álvarez, que de inmediato vituperó el afán haitiano en seguir construyendo la obra a pesar de los incesantes reclamos y querellas dominicanas. El ministro de Exteriores dominicano hizo la advertencia de que el canal podría causar estragos ambientales y agrícolas en toda la zona, lo cual arrasaría con miles de hectáreas llevándose de paso a cientos de agricultores de ambos países. Sería un cataclismo.
Elevando el tono de sus palabras, imprimiéndole cada vez mayor acritud, dijo que el canal es «una acción absolutamente irresponsable, que podría causar un acto ilícito internacional con las responsabilidades de lugar», y «eso es lo que estamos tratando de evitar». «Ningún Estado tiene el derecho a crear una catástrofe; ningún Estado», subrayó en la sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA, convocada para dirimir la crisis dominico-haitiana.
El representante dominicano admitió que Haití tiene el derecho de aprovechar aguas binacionales, tanto en el Masacre como otros en afluentes, pero que el canal debe ser sometido a un estudio de impacto medioambiental que determine o no su factibilidad. Él cree que no es factible y le pidió a la OEA que verifique in situ la construcción del canal junto a técnicos del BID, para que confirmen la inviabilidad de la obra.
Luego de las palabras de Charles, los representantes de Costa Rica, Panamá y Brasil se mostraron neutrales invocando el diálogo y la diplomacia para resolver la cuestión dominico-haitiano. En esa misma onda se pronunció el embajador de Estados Unidos ante el organismo continental, Francisco Mora, al respaldar el diálogo y llamar a priorizar el entendimiento como vía de solución pacífica al conflicto bilateral.
El secretario general de la OEA, Luis Almagro, endosó las posibilidades del diálogo y ratificó su disposición de mediar para encontrar una solución urgente a la problemática.





