Venezuela fue, hasta hace tres décadas, una de las democracias modelo de América Latina, tanto que los venezolanos se consideraban una especie de «sub-imperio», capaz de influir, ya por gestiones políticas o a fuerza de la colaboración petrolera, en el destino político de algunos de los países de la región.
Pero, el mesianismo chavista y su disparatado «socialismo del siglo XXI» llevaron a esa nación a convertirse en uno de los países con mayor pobreza, represión política, falta de libertades y garantías ciudadanas. Venezuela no es un país democrático desde hace más de una década. Y por eso, más de ocho millones de sus habitantes han emigrado en la última década.
Venezuela se convirtió en un país cuya inteligencia estaba en manos de Cuba, la dictadura comunista más longeva del continente y una de las pocas del mundo. Su sistema electoral y sus justicia bailaban la música que le tocaba el chavismo, y en más de una década, el «diosdadomadurismo».
Las fuerzas armadas venezolanas han sido completamente corrompidas y adoctrinadas por el marxismo. A esto se suma, la creación de grupos paramilitares que atropellan, torturan, secuestran y matan sin miramientos. Esos grupos, llamados «colectivos bolivarianos», fueron creados por el propio gobierno venezolano con asesoría cubana.
Ahora bien, el bombardeo de los Estados Unidos a esa nación y la «captura» del presidente Nicolás Maduro y su esposa, para ser sometidos por narcotráfico en un tribunal del Distrito Sur de la ciudad de Nueva York, coloca a Venezuela en una coyuntura extraordinaria, impensable e incierta.
El presidente Trump ha anunciado que los Estados Unidos van a dirigir a Venezuela, reconstruir su industria petrolera y reencausar su economía e instituciones. Algo parecido, guardando las distancias y los procedimientos, a lo que sucedió en República Dominicana entre 1916 y 1924.
Falta por ver si realmente estos anuncios de Trump y su equipos se cumplirán al pie de la letra. Han planteado objetivos inauditos, cosas a hacer, pero no están claros los plazos. Ni cuándo los venezolanos volverán a gobernar su país.
Es normal que muchas naciones critiquen el proceder de los Estados Unidos al atacar a Venezuela y arrestar a la pareja presidencial, que retrotrae la política internacional norteamericana a los inicios del siglo XX, modificando el orden mundial que conocemos desde la creación de la ONU en 1945.
Venezuela no tenía futuro halagüeño alguno con la dictadura de Maduro y sus cómplices y si bien mucha gente celebra su salida del poder, todavía quedan muchas cosas por definirse. El tiempo se encargará y ojalá que el costo no sea tan alto para los hermanos venezolanos, sus instituciones y sus recursos naturales.




