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miércoles 21, enero, 2026

Día Internacional de las Montañas: los grandes archivos de la historia de la Tierra

Cada 11 de diciembre, el mundo celebra el Día Internacional de las Montañas, una fecha proclamada por la Asamblea General de la ONU en 2003 luego de celebrar el Año Internacional de las Montañas (2002). Nació con una doble intención: llamar la atención sobre la fragilidad de estos ecosistemas —clave para el agua, la biodiversidad y la vida de millones de personas— y reconocer su papel central en la historia natural del planeta.

Las montañas cubren alrededor de una cuarta parte de la superficie terrestre y son la fuente de entre el 60 % y el 80 % del agua dulce del planeta. Albergan una biodiversidad única, regulan el clima regional y son el hogar de comunidades que dependen directamente de sus recursos, desde la agricultura de altura hasta el turismo.

Y más allá de su valor paisajístico y cultural, las montañas son también inmensos archivos geológicos y paleontológicos. Sus rocas, pliegues y fósiles conservan capítulos enteros de la evolución de la Tierra: desde la formación de océanos y continentes hasta antiguas extinciones masivas.

Las montañas como archivos geológicos

Para la geología, una cadena montañosa es algo más que un conjunto de cumbres: es el resultado visible de procesos que actúan durante cientos de millones de años. Cada estrato, cada pliegue y cada falla registran un episodio distinto de la historia terrestre.

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Las rocas sedimentarias —frecuentes en muchas cordilleras— se forman a partir de capas de sedimentos depositados en antiguos mares, ríos, lagos o desiertos. Con el tiempo, esos sedimentos se compactan y litifican, quedando apilados como las páginas de un libro.

Algunas montañas exponen hoy, en un solo valle, secuencias de rocas que abarcan enormes intervalos de tiempo, lo que permite reconstruir variaciones del nivel del mar, cambios climáticos o episodios de vulcanismo intenso.

Además, la deformación que acompaña al levantamiento de una cordillera —pliegues, fallas, cabalgamientos— también guarda información: indica cómo chocaron placas tectónicas, en qué dirección se acortó la corteza, qué intensidad tuvieron las fuerzas internas del planeta.

Leer una montaña, para un geólogo, es reconstruir la mecánica de la Tierra en cámara lenta.

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