Santo Domingo, RD. El pastor evangélico Ezequiel Molina ha pronunciado una verdad impopular que le ha valido una serie de críticas, principalmente de sectores feministas y de tendencias neoliberales.
En un reciente encuentro religioso celebrado por el Ministerio Batalla de la Fe, que él dirige, Molina afirmó: “Detrás de cada mujer exitosa, lo más probable es que haya un hogar descuidado”. Esta declaración ha generado un intenso debate, pues, aunque algunos la consideran una verdad incómoda, ha sido interpretada por otros como una conclusión arriesgada, e incluso machista, por la forma en que se expuso, sin las explicaciones que podrían contextualizarla y justificarla adecuadamente.
Lo cierto es que, en una sociedad como la dominicana, para que una mujer logre el éxito, los obstáculos siguen siendo considerables. Los prejuicios sociales y las expectativas tradicionales desalentadoras se presentan constantemente. La advertencia del pastor refleja esa realidad, dejando entrever que, para muchas mujeres, alcanzar el éxito significa enfrentar una constante lucha contra la desigualdad de género.
En nuestra sociedad machista, tradicionalmente se asocia el cuidado del hogar a la madre, no al padre. Ver a una mujer levantarse a las 4 de la mañana y regresar a casa después de las 11 de la noche genera cuestionamientos sobre cómo logra equilibrar su vida profesional y personal. En cambio, cuando un hombre hace lo propio las calificaciones no son tan severas, aun cuando es capaz de llegar hasta embriagado.
Es, en este contexto, que la declaración del pastor, al señalar que el éxito de una mujer suele ir acompañado de un hogar descuidado, parece vincular la responsabilidad del cuidado del hogar exclusivamente a la madre.
El éxito no está reservado únicamente para los padres ni el cuidado de la casa para la esposa. En la actualidad, las mujeres están superando, en muchos casos, a los hombres en diversos campos, como en la educación superior. Según los informes oficiales, la relación de estudiantes universitarios es de 70-30 a favor de las mujeres, lo que refleja el creciente protagonismo femenino en ámbitos tradicionalmente dominados por hombres.
Si observamos la vida de mujeres exitosas, como Carolina Mejía, alcaldesa y aspirante presidencial, y cómo gestiona su hogar responsabilidades familiares, podemos notar que detrás de su éxito también hay un hombre responsable que asume su papel en la crianza de los hijos y en el hogar. Este ejemplo demuestra que el éxito de una mujer no debe implicar el descuido de la familia, sino más bien un acompañamiento mutuo entre parejas.
A nivel internacional, también encontramos ejemplos de mujeres que han alcanzado sus logros y metas sin sacrificar el bienestar familiar. Algunas de ellas son Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, quien ha desempeñado un papel clave en la gestión de la pandemia de covid-19; y Claudia Sheinbaum, primera mujer presidenta de México, quien ha marcado un hito en el liderazgo político latinoamericano. Estos ejemplos son solo algunos de los muchos casos de mujeres que han alcanzado el éxito sin que el núcleo familiar haya sufrido algún resquebrajamiento.
Lo que se puede concluir es que la afirmación de Ezequiel Molina, si bien contiene una parte de verdad, está incompleta. No podemos asumir que el éxito de una mujer necesariamente implique un hogar desatendido. Lo que realmente debería existir detrás del éxito de una mujer es el acompañamiento y el compromiso de su pareja, quien debe asumir la responsabilidad compartida del hogar y suplir la ausencia temporal de la madre exitosa.
Un hogar, tanto de hecho como de derecho, implica responsabilidades igualitarias. La verdadera clave para el éxito de una mujer no es el sacrificio exclusivo de su vida familiar, sino la colaboración mutua y el equilibrio entre la vida profesional y la responsabilidad familiar.
Detrás del éxito de toda mujer, sin dudas que debe existir un padre responsable, una pareja sin prejuicios.





