Nicaragua.- La fiesta se origina en la parábola del Evangelio sobre el rico y Lázaro, un mendigo al que lo acompañaban perros para lamerle las llagas.
Entre olfateos y ladridos, los canes esperan su turno junto a sus dueños ante la imagen del santo, adornado con flores y rodeado de velas y en medio de cantos religiosos, para recibir su bendición y protección, de acuerdo con la tradición.
Francis Putoy, de la ciudad de Masaya, llegó con su único hijo y un perro a darle gracias al santo.
«Le cayó una barra al perrito y el niño le pidió a San Lázaro y se lo sanaron», dice Putoy a la AFP.
«Es un milagro que le hizo San Lázaro al perrito», añade esta ama de casa.
Los fieles católicos de Nicaragua piden a San Lázaro que interceda para que ellos y sus mascotas tengan buena salud o sanen de dolencias y enfermedades.

Algunos perros llevaban vestimentas de deportistas, caballeros elegantes, superhéroes o princesas de cuentos en el festejo que se realiza cada año antes de la Semana Santa en el interior de la iglesia y en el atrio del templo.
«Nosotros venimos siempre a dar la promesa del perrito, San Lazarito lo sanó porque estaba enfermito con una retención de líquidos y estaba muriendo», señala a la AFP la comerciante ambulante Rosa García, con su perro Zeus, de seis meses, en brazos.
El fervor a este santo se celebra en Nicaragua desde una epidemia de cólera en el siglo XIX. Desde entonces, muchos se encomiendan a Lázaro para sanar sus dolencias.
«Muchas personas vienen alegres y contentas a pagar una promesa» a San Lázaro porque el santo «ha ayudado a que su mascota se mejore» tras una enfermedad o un accidente, afirma el sacerdote Alberto Mercado, de la iglesia Santa María.




