Santo Domingo, RD. La asunción al trono de San Pedro del estadounidenses con raíces dominico-peruanas, Robert Francis Prevost, ahora conocido como el papa León XIV, ha generado nuevas expectativas para el mundo católico. Su pontificado llega en un momento en que la Iglesia Católica enfrenta una profunda crisis debido a la significativa pérdida de feligreses, especialmente en Europa, su bastión histórico.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (ISTAT), en Italia, la práctica del catolicismo ha disminuido drásticamente en las últimas dos décadas. En 2001, el 36,4% de la población se consideraba practicante, pero en 2022 esa cifra se redujo a menos del 19%. Además, el porcentaje de personas que se identifican como «no creyentes» ha aumentado al 37%. Entre los jóvenes italianos (18-34 años), solo el 58,3% se considera católico, y apenas el 10,9% asiste regularmente a misa. Esta tendencia se atribuye a la creciente secularización, los escándalos dentro de la iglesia y la percepción de que la institución es «anticuada«.
En España, los cambios son igualmente significativos. En 1998, el 73,2% de los jóvenes de 18 a 24 años se identificaba como católico, pero para 2019 esa cifra había caído al 44%, lo que representa una pérdida de aproximadamente un millón de jóvenes. Además, el porcentaje general de ciudadanos que se declaran católicos ha descendido al 52%, la cifra más baja en la historia del país.
El papa Francisco, consciente de esta realidad, asumió el desafío de una iglesia en transformación. Introdujo un enfoque más progresista y abierto, a menudo en conflicto con sectores conservadores que se resistían a su estilo humilde y austero. Francisco abordó temas sensibles como la reforma de la Curia, las finanzas del Vaticano y la crisis de los abusos sexuales, llegando a pedir perdón públicamente por los escándalos que han dañado a tantas familias. Sin embargo, su enfoque también generó críticas internas por considerar que algunas de sus reformas ponían en riesgo principios fundamentales que han sostenido a la iglesia durante más de dos mil años.
El contraste entre Francisco y su predecesor, Benedicto XVI (Joseph Ratzinger), fue evidente. Mientras que Benedicto fue criticado por su gestión conservadora y su manejo de los escándalos financieros y de abuso sexual, Francisco buscó abrir las puertas a nuevos enfoques pastorales, aunque esto le valió conflictos internos que, según algunos analistas, contribuyeron a la pérdida de fieles.
En su obra «El Siglo Católico. La estrategia geopolítica de la Iglesia», el periodista español y teólogo Manlio Graziano sostiene que «la iglesia es una institución herida, enfrentada a una creciente desafección hacia las prácticas religiosas, una escasez de vocaciones, parroquias vacías y edificios sagrados transformados en pubs«. Esta es una iglesia que parece cada vez más a la defensiva y presa de un profundo malestar interno.
León XIV, sin embargo, parece dispuesto a trazar un nuevo camino. Se enfrenta al desafío de detener esta «hemorragia» sin retornar al conservadurismo de Benedicto XVI, pero sin caer en lo que algunos consideran las excesivas aperturas de Francisco. Necesita encontrar un equilibrio que respete las tradiciones fundamentales del catolicismo, con Dios como eje central y la Santa Biblia como su guía esencial.
En resumen, como sostiene Graziano: «Los anticlericales afirman que el declive de la religión es inevitable, participando activamente en debates internos sobre temas como el celibato, el sacerdocio femenino y la autonomía de los obispos«. Y yo agrego, como quien suscribe, que la liturgia necesita renovación, pues la misa, ofrecida casi sin cambios durante más de dos mil años, podría beneficiarse de una actualización que la haga más relevante para el público contemporáneo.
Las circunstancias exigen un liderazgo que combine tradición y modernidad, con Jesús como su verbo y la Biblia como la constitución que rija su mandato. Solo así podrá León XIV cumplir con su misión de restaurar la influencia espiritual de la Iglesia Católica y reconectar con una feligresía cada vez más distante.




