SANTO DOMINGO.- Inundaciones, calles y avenidas ahogadas bajo una espesa alfombra de agua, es el cuadro aterrador que salta a la vista y que trastorna el fluido vehicular y humano, sobre todo en áreas urbanas y metropolitanas, azotadas todas por los ventarrones del huracanado Franklin.
El sector Los Peralejos, en la Capital, se ha desbordado bajo una capa de agua que lo sepulta todo. En esa barriada se da una situación desagradable: personas aprovechan las riadas para vaciar sus tachos de basura en medio de las calles inundadas, para que el desbordamiento se encargue de arrastrar los desperdicios. Ese compartamiento resulta contraproducente, pues provoca que se tapen las alcantarillas y se empeore el problema.
Eso mismo ocurre en otras localidades. Es un cementerio de agua lo que se vive en barrios y comunidades. Los ciudadanos tienen que contribuir a enfrentar las catástrofes.
Entre tanto, los chaparrones desvelan las precariedades del alcantarillado y sumen a la gente en la incertidumbre de las tenaces lluvias. Viviendas, hogares y casuchas sufren los embates abrumadores del fenómeno, dejando a la intemperie a varias familias. De hecho, las autoridades han dispuesto de albergues para acoger a las personas damnificadas.
Un recorrido por el Gran Santo Domingo descubre la catástrofe, que se revela nítada y brutal a los ojos de cualquier transeúnte. Un populoso barrio de Santo Domingo Este, Los Minas, se ha convertido en un río gigantesco. Las avenidas Charles de Gaulle y Mella, en ese municipio, son chorros de agua lluvia, por donde corren aguas contaminadas. El V Centenario, en la Capital, presenta la misma calamidad.





