Madrid.- Una isla paradisiaca con aguas cristalinas y arenas blancas, con una fauna marina única y exótica que no tiene nada que envidiar a las magníficas playas criollas o las excéntricas aguas cristalinas de Bora Bora, Tuvalú es un paraíso destinado a desaparecer.
Este país, uno de los más pequeños del mundo está ubicado en el Océano Pacífico, justo a mitad de camino entre Australia y Hawái, es el cuarto país más pequeño del mundo, es uno de los cuatro países que forman la Polinesia y uno de los catorce que conforman Oceanía.
Su principal atractivo es su clima tropical y su baja altura con respecto al nivel del mar, con solo 5 metros, lo que le permite tener unas extensas playas que destacan por su grano blanco y fino.
A pesar de esto, a Tuvalú no llega el turismo como a otras partes y es que su complicada ubicación hace que sea accesible por barco o por la aerolínea Fiji Airways que solo hace dos viajes a la semana limitando el número de personas que desean vacacionar en la isla.
Según la Organización Mundial del Turismo a Tuvalú solo llegan 2,000 turistas al año, catalogando a la extensión de terreno sobre el mar como el país que menos turistas acoge anualmente.
El cambio climático amenaza con desaparecerlo
Esta pequeña Isla en el océano pacifico tiene un gran problema y es que cada día que pasa las mareas suben cada vez más amenazando con hundirlos como la mítica Atlántida de platón.
La progresiva subida del nivel del mar ha provocado que, en los últimos años, su terreno haya ido decreciendo.
Esto sumando a los continuos tifones que se sufren en la zona provoca que disminuya el tamaño de sus playas año tras año, todo hace indicar que es irremediable que el aumento del nivel del mar termine por hacer desaparecer el archipiélago. De hecho, muchos expertos aseguran que Tuvalú puede ser el primer país en hundirse por culpa del aumento de las temperaturas en el planeta.
La situación de Tuvalu es más preocupante que en otros casos es porque existen una serie de factores meteorológicos y geográficos, particulares de esa zona del Pacífico, que no hacen sino empeorar y acelerar el proceso. Por ejemplo, se ha demostrado que las corrientes de El Niño y La Niña influyen de forma determinante en el aumento del nivel del mar en la región.
También que en Tuvalú tienen especial incidencia las mareas de primavera, un fenómeno que genera subidas más altas de lo habitual y que se produce cuando el Sol, la Luna y la Tierra están alineados.
Por si fuera poco, el archipiélago sufre la progresiva acidificación del océano, que ataca los corales e impide su crecimiento –lo que es fundamental para mitigar los efectos de la erosión en islas coralinas como éstas–.
El mes pasado cuando el pequeño Tuvalú llegó a un acuerdo con Australia que permitiría a 280 personas al año mudarse allí.
A ese ritmo, se necesitarían 40 años para que los 11.000 habitantes actuales de Tuvalú abandonaran el archipiélago, que se encuentra a medio camino entre Hawaii y Australia y cubre sólo unos 26 km cuadrados.
Pero el acuerdo resume la dolorosa elección que enfrenta ahora la gente aquí: huir de su frágil franja de arena o quedarse y luchar contra el aumento de las aguas, un dique o un tramo de tierra recuperada a la vez.
Las predicciones sobre el aumento del nivel del mar causado por el calentamiento global sugieren que Tuvalu podría volverse inhabitable antes de eso.




