El pasado 9 de los corrientes se llevó al Panteón nacional francés a uno de sus juristas más ilustres: Robert Badinter, un hombre que supo impregnar su vida de encomiables propósitos. Desde la trinchera de su profesión, la cátedra y la vida pública, luchó por la abolición de la pena de muerte y por otras valientes causas sociales.