A dos años exactos del asesinato brutal del presidente Jovenel Moïse, el pueblo haitiano sigue hundido en una crisis múltiple que lo mantiene al borde del abismo. La tragedia de Haití no arrancó cuando asesinaron a Moïse en su propia residencia de Puerto Príncipe, el 7 de julio de 2021. Data de mucho tiempo antes, pero ese hecho sangriento ha disparado la inestabilidad y el caos en ese país. Desde entonces, pandillas y bandas armadas se disputan el territorio haitiano, matando y secuestrando a sus anchas. Algunos dominicanos incluso han sido víctimas de semejantes tropelías, y para colmo, la naturaleza ha causado grandes estragos en esa nación.
Lo de Moïse sucedió de madrugada, aprovechando las siniestras horas de ese miércoles 7 de julio. Las investigaciones apuntan a que su muerte fue obra de un comando de matones, que incluía hombres armados de Colombia y de Haití.
La tragedia tocó las puertas de su casa y la llenó de sangre. Los hechos fueron violentos y produjeron un hecho atroz. Al filo de la 1 de la madrugada, Moïse llega a su casa después de una larga jornada de trabajo que incluyó reuniones y otras actividades.
Ingresa en la intimidad de su habitación, ajeno al destino macabro que lo acecha. Piensa descansar para reiniciar en pocas horas otra jornada laboral. Pero de repente todo se precipita. Hombres fuertemente armados penetran a la vivienda, decididos a ejecutar el magnicidio.
Al escuchar esa entrada brusca, y presintiendo que venían a por él, un desesperado Moïse llama por teléfono para ayuda. La seguridad no llega. Con la misma determinación, los complotados entran a la habitación, se dirigen al presidente y lo cosen a tiros, mientras su esposa encuentra una brechita y se esconde a un lado de la cama.
Los niños están escondidos en un baño, gracias a la alerta de su madre. No hubo piedad para él. Antes de irse, y para culminar su obra asesina, los magnicidas rebuscan y revuelven papeles en un escritorio. Después se marchan con sus manos manchadas.

Más de un rumor ha corrido sobre los motivos del magnicidio. Unos dicen que Moïse estaba atacando a un grupo de oligarcas y a una mafia económica que operaba en su país. Otros dicen que el asesinato tuvo una mente maestra remota, que manejaba desde otro país los hilos de la conspiración. Casi todos hablan de que el gobernante presentía su muerte y hasta la había anunciado.
En el incidente, la viuda resultó herida. La dejaron por muerta. Tuvo que ser despachada hacia Estados Unidos, donde se sometió a tratamiento médico. De regreso en Haití, anunció sus deseos de postularse a la presidencia de la República.
«Solo los oligarcas y el sistema podía matarlo», ha dicho ella. Sin embargo, a un mes y pico de la tragedia, lamentó que los «verdaderos culpables» no hubieran sido apresados todavía.

Manifestación de duelo y dolor
Este viernes 7 de julio fue declarado de duelo nacional en Haití, por el segundo aniversario del magnicidio. La bandera ondea a media asta en el suelo haitiano, mientras discotecas y lugares afines permanecen cerrados.
Entretanto, un grupo de haitianos se disponen a marchar el domingo, tanto en República Dominicana como en otros países, para protestar por el descalabro del país y exigir soluciones para el pueblo haitiano. Se espera que miles de personas se manifiesten en Santo Domingo y en ciudades de otras naciones.
Un grupo de personas han sido arrestadas por su presunta vinculación con el asesinato, y otras han caído abatidas, también relacionadas con la tragedia.
¿Ocupación militar de Haití?
El Gobierno dominicano, a través de su canciller Roberto Álvarez, ha urgido a Naciones Unidas a que envíe una fuerza multilateral que aplaque la ingobernabilidad en Haití. Ese ruego, sin embargo, tropieza con la oposición de China y Rusia, países que rechazan el envío de tropas de ocupación.
Dice Rusia que las intervenciones militares «le han hecho más mal que bien a Haití», como lo demuestra la experiencia histórica. Por su parte, Pekín alega que se haría necesario un estudio más profundo para ver las repercusiones que semejante ocupación tendrían en ese país, y además observó que muchos países piden la intervención, pero no han planteado otras posibles soluciones.-




