Santo Domingo.- El pasado 4 de noviembre de 2022, la República Dominicana vivió uno de los temporales más devastadores de la historia reciente, donde las lluvias torrenciales colapsaron el Gran Santo Domingo y dejaron el saldo de nueve fallecidos y daños materiales de más de mil millones de pesos.
La combinación de una vaguada y una onda tropical provocó un aguacero extraordinario que comenzó alrededor de las 4:00 de la tarde.
Se trató de un temporal que sorprendió a los ciudadanos y gobernantes, descargando sobre la capital, en solo 4 horas, más lluvias que la caída durante todo el año.
“Le pedimos a la población en alto riesgo, en las provincias alertadas, no descuidarse, abstenerse de cruzar ríos, arroyos o cañadas que nos extienden grandes volúmenes de agua”, detalló en ese momento el director del Centro de Operaciones y Emergencias (COE) Juan Manuel Méndez.
Las precipitaciones superaron los 400 milímetros convirtiendo las grandes avenidas en lagunas, donde cientos de vehículos quedaron varados, personas atrapadas y dejó al desnudo la fragilidad del sistema de drenaje pluvial de la ciudad.
El evento puso en evidencia la limitada capacidad de los radares meteorológicos para emitir alertas tempranas, a pesar de que el Instituto Nacional de Meteorología (Indomet) había pronosticado lluvias, la magnitud del fenómeno superó las previsiones y dejó a la población sin tiempo para prepararse adecuadamente.





