NOTICIAS RNN, SANTO DOMINGO.- La reunión expiró poco antes de las 11 de la noche. No fue en la Casa Nacional del PLD sino en una elevada torre privada que acoge a Abel Martínez, en la Capital.
Fue allí donde el presidente Abinader visitó y se reunió con Abel, tal y como se había anunciado más temprano. El encuentro duró más de hora y media.
Se sabe que Abel lo recibió en compañía de su esposa, Nahiony, pero lo que no se sabe realmente es de qué hablaron. Según el Palacio Nacional, se buscó «la unidad y la colaboración necesaria para el desarrollo y bienestar de la República Dominicana, más allá de las diferencias políticas».
Habría sido un encuentro de reconciliación casi familiar, del vencedor que da la mano y se confunde en un abrazo con los vencidos, en un gesto de humildad que engrandece a las partes, para así borrar los residuos desagradables del domingo. No hay rencor ni aires de superioridad.
No. Lo que hay es un acercamiento entre el liderazgo político nacional para hacer frente a los grandes desafíos que vendrán. La iniciativa ha partido desde el mismo presidente, que busca el consenso que no se logró en el pasado. Hay sentido de la historia pasada y de la presente, a las puertas del futuro.
Una mirada a la visita
Una mirada al encuentro revela otras cosas más. Abel sonríe cálidamente al recibir a su hasta el domingo contrincante electoral, mientras su esposa dibuja una dulce y estupenda sonrisa a la espera también de estrechar al mandatario, que ha tenido la buena fe de visitarles.
Es una noche lluviosa y primaveral, y aunque ha vencido a su rival hace apenas unos días, el presidente se presenta como un visitante humilde. Sus anfitriones le corresponden con la misma cortesía. No hay vencedores ni vencidos: solo dominicanos en diálogo por el bienestar del país.
Otro punto es la vestimenta. Ambos están en sintonía: Abinader lleva traje y pantalón azules, impecablemente combinado; Abel viste pantalón de un azul muy semejante también; los dos tienen camisa blanca, descorbatados ambos. La diferencia está en la chaqueta del mandatario, que también lleva unos lentes en el bolsillo de esa chaqueta, adornada con la banderita nacional, además.
Suben al piso número 16 de la torre, y desde arriba pueden hablar con quietud. Hay seguridad: el área está apretadamente vigilada. Conversan de forma agradable, brotan los temas nacionales: la reforma constitucional, los puntos a reformarse, la reforma fiscal…
Hay otra lectura. Cuando Leonel ganó en 2008 hizo con el entonces candidato del PRD, Miguel Vargas, algo parecido: firmó con él lo que se llamó -y se sigue llamado- ‘el pacto de las corbatas azules’. El color de la prenda delató la complicidad de ambos. Miguel no era todavía el presidente del PRD, pero el presidente reelegido lo prefirió para negociar los puntos fuertes que vendrían. Miguel lo hizo con tanta suerte que, unos años después, entró al Gabinete del PLD como canciller de la República.
Lo de Abel está en veremos dentro del PLD. Desde ahora pasa a formar parte del poderoso Comité Político del PLD, pero no es un interlocutor válido para negociar a nombre del PLD. Este partido tiene su presidente y su líder: Danilo Medina. Habría que ver el papel que jugará dentro de esa fuerza morada.
El encuentro con Leonel no pudo ser. Estaba pautado para unos momentos antes de la reunión con Abel. Pero un virus gripal impidió a Fernández acoger al distinguido huésped. No habría sido la primera que se reunieran: en 2020, con pocos días en el poder, Abinader lo visitó en la misma Funglode y allí se reunieron a solas para definir temas-país. Abel era entonces el alcalde de Santiago: no asomaba como aspirante ni candidato.
Abinader quería juntarse con ambos antes de salir del país a reunirse con el papa Francisco, en un periplo que también lo llevará a Portugal. Pero el encuentro con Leonel -y con otros líderes políticos- será después de verse con el papa.




