Agencias.- La cumbre histórica entre Donald Trump y Vladimir Putin en Alaska no solo busca una foto para la posteridad, sino que pone sobre la mesa un tablero de ajedrez geopolítico donde cada pieza puede redefinir el futuro de la guerra en Ucrania. Mientras ambos líderes afilan su discurso, en Kiev crece la inquietud por lo que pueda salir de este encuentro.
Para Vladimir Putin, el simple hecho de sentarse frente al presidente estadounidense ya es una victoria simbólica. Analistas consideran que su mejor escenario sería un alto el fuego que no favorezca a Ucrania, pero que le permita consolidar el control de territorios como Donetsk, Lugansk, Zaporiyia, Jersón y Crimea. La renuncia ucraniana a recibir armas occidentales y un veto a su ingreso en la OTAN serían, para el Kremlin, el premio mayor.
En el otro lado, Donald Trump se presenta como mediador y posible arquitecto de la paz, un papel que ha explotado desde su campaña. Su promesa de poner fin a la guerra “en un abrir y cerrar de ojos” se ha vuelto más cautelosa, ahora admite que solo busca “tantear el terreno” y calcula un 25% de posibilidades de fracaso. Sin embargo, no oculta su interés en abrir las puertas a una relación económica más fluida con Moscú, algo que Putin no dejará pasar por alto en Anchorage.
Ucrania, por su parte, observa con recelo. El presidente Volodímir Zelenski considera que lo más favorable sería que la reunión no produzca ningún acuerdo que lo obligue a ceder territorio. Sus aliados europeos coinciden en que la prioridad debe ser un alto el fuego sin concesiones territoriales, aunque Trump insiste en que cualquier paz real requerirá “concesiones mutuas”.
La elección de Alaska como escenario no es casual. Se trata de un territorio con pasado ruso, seguro y de fácil acceso para Putin sin atravesar terceros países, además de estar fuera del alcance de la Corte Penal Internacional que lo acusa formalmente. Su ubicación y simbolismo recuerdan viejos capítulos de la Guerra Fría, ahora reescritos en clave del siglo XXI.
En este encuentro, más que la geografía, lo que pesa es la historia y las expectativas. Mientras Trump busca un golpe diplomático que pueda vender como un triunfo personal, Putin quiere capitalizar la reunión para fortalecer su posición. Y en medio de ambos, Kiev espera que la mesa de diálogo no se convierta en la mesa de negociación de su integridad territorial.




