SANTO DOMINGO.- Desde temprana edad, a los niños y niñas dominicanos se les siembran mensajes negativos y violentos que pueden influenciar sus conductas futuras, y por esto es necesario educarlos, tanto en el hogar como en las escuelas, para así crear una cultura de paz a partir de los primeros años de vida.
Así lo apunta Nadieska Núñez, una psicóloga que promueve la formación doméstica, consciente de que la convivencia pacífica empieza en los hogares y se extiende al resto de la sociedad. Para sembrar esa conciencia de paz y armonía ciudadana, considera ella que hay que cambiar los patrones de conducta violentos, esos que arrancan en la casa y abundan en la sociedad.
Lo dice a propósito de los casos de violencia que en los últimos días han dejado un balance trágico de muertes y huérfanos. Por ejemplo, un hombre atormentado mató a su propia hija y se mató él en San Juan, mientras un joven desesperado asesinó a su exmujer delante de la hijita de ambos, en Villa Consuelo, y después se tiró del puente de «La 17». Arrastró en su desesperación a la mujer e involucró a la pequeña, que ahora está huérfana y tendrá que recibir atención profesional.
«Por ello hay que cambiar el estilo de paternidad, hay que modificar desde las escuelas y los colegios, hay que empezar por enseñar a los niños a tratar a las mujeres; hay que empezar por enseñar a los padres a cómo formar y educar. Es dentro de la familia que se modifica eso. Tenemos que controlar el mensaje que la música tiene. Tú pasas por un colmadón y encuentras jóvenes adolescentes cantando canciones que denigran a la mujer. Es un mensaje que se está sembrando desde temprana edad», dice la experta.
Núñez percibe «un círculo vicioso» que «no se va a detener a menos que se cambie la forma en la que se está educando y en la que se está programando la mente de los hombres, y, por qué no, de las mujeres dominicanas que, una manera o de otra, también están permitiendo el proceso de formación como este».
En ese sentido, pone como ejemplo el mensaje que transmite cierta música: algunas canciones rebajan a la mujer, y aun así, los mismos niños las cantan, se las aprenden y las repiten sin cesar.
La paz comienza en el hogar. Hay que sembrarla.-





