NOTICIAS RNN, SANTO DOMINGO.- ¡Otro incendio en la cárcel de La Victoria! Lamentablemente, sí. No bien se recupera el país de la tragedia ocurrida allí hace menos de una semana, cuando otro incendio se originó en una de las celdas y los presos gritaron desesperados, esperando no morir como ya sucedió con al menos 13 de ellos el lunes pasado.
Esta vez no ocurrió igual, por suerte. Alertadas por los gritos desesperados de los reclusos, las autoridades actuaron a tiempo, se movilizaron rápidamente y en pocos minutos apagaron las incipientes llamas.
Se trató de un conato, es decir, de una pequeña rebelión que amenazó con producir otra gran tragedia. Todos recordaron lo del lunes, cuando las llamas se expandieron por varias celdas, devorando todo a su paso y calcinando sin piedad a un numeroso grupo de internos. Entonces algunos quedaron atrapados, sin poder salir, mientras inhalaban el humo y se desmayaban, abrazados por las voraces llamaradas.
Los cuerpos aparecieron totalmente carbonizados: quedaron irreconocibles. Fue tanto así que el Inacif tardó unos días en identificar a los difuntos. Todavía ahora, a casi una semana del siniestro, algunos familiares no saben la suerte de sus parientes encarcelados.
Unos 400 presidiarios fueron movidos a las cárceles de La Vega y San Francisco de Macorís, y los demás tuvieron que ser trasladados de celda dentro de la misma prisión. Se anunció, además, que el penal de La Victoria ya no recibirá presos preventivos.
La versión es que un cortocircuito desató las chispas del incendio. Lo que todavía no está claro es el origen de ese evento fatal. Según algunos, el cortocircuito fue provocado por presos rivales, en disputa por el control del delito intrapenitenciario. Otros especulan que los presos estarían saboteando a la nueva administradora del penal, una mujer recta y drástica, a la que no le tiembla el pulso para imponer el orden.
Las autoridades investigan y deberán rendir un informe minucioso y detallado. Si admitieran que fueron rivales los causantes de la tragedia, sería confesar en público lo que ya sabe la sociedad: que La Victoria es una sentina repleta de corrupción, drogas, armas y dinero sucio, donde incluso se organizan sicariatos y otros crímenes. Es más, algunos afirman que esa megacorrupción intracarcelaria es la que ha impedido que ese penal ingrese al nuevo modelo penitenciario.




