Agencias.- Cientos de personas se reunieron en un centro comunitario de Estocolmo, Suecia, para participar en un intercambio anual de ropa de segunda mano, también conocido como moda circular. Se trata de una actividad que se multiplica en el país desde hace más de una década.
El objetivo principal es reducir los residuos textiles y el impacto ambiental asociado a la producción y el descarte de prendas. Los asistentes llevan ropa en buen estado y seleccionan otras piezas, promoviendo la reutilización y el consumo consciente.
Según la agencia de noticias Associated Press, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) considera que la moda rápida figura entre los mayores responsables del daño ecológico, con hasta el 10% de las emisiones mundiales de carbono.
Además, la ropa desechada satura los vertederos y las fibras plásticas de los tejidos baratos contaminan los océanos. Producir un solo par de vaqueros requiere aproximadamente 7.571 litros de agua, lo que agrava el problema.
La Sociedad Sueca para la Conservación de la Naturaleza, organizadora de los intercambios, informó que la iniciativa comenzó en 2010 y creció de forma sostenida. En 2025, 140.000 personas participaron en 140 eventos por todo el país y se intercambiaron más de 44.000 prendas.
El consumo textil sigue siendo elevado: cada sueco compra de media 25 piezas nuevas al año y desecha entre 9 y 10 kilos de ropa, aunque el 90% de lo que hay en los armarios no se utiliza.
Impacto y desafíos del reciclaje textil en Suecia
La percepción de Suecia como líder ambiental contrasta con los desafíos reales en el manejo de residuos textiles. El consumo de ropa representa cerca del 3% de las emisiones totales de carbono por persona, según el instituto Mistra Future Fashion.
El año pasado, la Unión Europea prohibió arrojar ropa a la basura común con el objetivo de aumentar el reciclaje, pero la medida saturó los puntos de recogida y forzó al gobierno a modificar la norma en octubre.
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Durante los eventos de intercambio, los sastres ayudan a los participantes a reparar prendas para prolongar su vida útil. Muchas personas no cuentan con los conocimientos o las herramientas necesarias para arreglos simples, por lo que la asistencia en el lugar facilita que más ropa siga en uso.
“Mucha gente ya no tiene máquinas de coser, o no sabe arreglar ese ojal que se ha roto”, explicó Meg Goldmann, voluntaria de la organización.
La presidenta de la asociación, Beatrice Rindevall, destacó la importancia de repensar el modelo de consumo y cuidar mejor los recursos textiles. Según la entidad, estos encuentros no solo reducen los residuos, sino que también promueven hábitos más sostenibles y menos dependientes de la compra de ropa nueva.
Experiencias y motivaciones de los participantes
La diversidad de asistentes refleja el atractivo de los intercambios tanto para jóvenes como para adultos. Para Alva Palosaari Sundman, estudiante de arte de 24 años, la experiencia de ver cómo otros eligen la ropa que ella aportó resulta gratificante. “Es como decir: ‘Ahora tiene una nueva vida con esta persona’. Se siente un poco más humano”, comentó.
La moda de segunda mano también permite a los participantes desarrollar un estilo propio. Alice Dundeberg, estudiante de secundaria, valora la posibilidad de tener prendas exclusivas: “Nadie tiene la misma ropa que los demás”. Los eventos fomentan así la creatividad y la personalización de la vestimenta, en contraste con la uniformidad que impone la moda rápida.
El ejemplo sueco muestra cómo la colaboración ciudadana y el cambio de hábitos pueden contribuir a la reducción de residuos y al cuidado del medio ambiente. La reparación, el intercambio y el consumo responsable se consolidan como estrategias para enfrentar el desafío de la contaminación textil en Europa y el mundo.










