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martes 28, abril, 2026

Leonel cuenta cómo lo iban a matar en Haití

NOTICIAS RNN, SANTO DOMINGO.- Fue el rebelde Guy Phillipe el responsable de movilizar secuaces en 2005 para atentar contra la vida del entonces presidente Leonel Fernández, quien estaba de visita en Haití.

El atentado fue tan potente y ácido que estuvo a punto de costarle la vida, y si se salvó fue por la rápida y milagrosa intervención de un equipo de Naciones Unidas y de unos helicópteros dominicanos, que pasaron rasantes y lograron dispersar a la multitud enardecida.

Lo contó y lo reveló anoche -y hoy- el propio Leonel, durante su participación en «La Propuesta de los Candidatos», organizado por el Grupo Corripio. Lo que sucedió quedó para la historia, contado por la misma víctima.

Leonel está en el Palacio Nacional de Haití junto a varios funcionarios dominicanos, incluyendo al canciller Carlos Morales Troncoso. El almuerzo que les ha ofrecido el primer ministro de ese país, Gérard Latortue, es una sabrosa oportunidad para estrechar las volátiles relaciones dominico-haitianas. Ese ambiente exquisito, servido con las finas prendas de la diplomacia haitiano-francesa, se ve empañado y alborotado por unas encendidas protestas que tienen lugar en los alrededores de la casa presidencial. Leonel escucha el alboroto, percibe que las protestan van subiendo de tono, cobrando cada vez mayor intensidad. Pero le dicen que eso es normal: protestas ocurren todos los días, se han hecho una costumbre deportiva.

El ambiente sigue enfurecido y caldeado. La multitud forma una masa compacta, cada vez más densa y nutrida, que va creciendo en tamaño e intensidad. Ante ese estropicio, le piden a los invitados que salgan por la parte trasera del palacio. Así lo hacen. Sin embargo, al llegar a una esquina por donde debían pasar, ven un vehículo prendido en llamas, y a un equipo de Naciones Unidas tratando de quitarlo para despejar la vía. En ese momento se escuchan encendidos disparos: el vehículo de Leonel ha sido ametrallado, pero no sufre graves daños porque es blindado. Todo es caos: se ha vuelto una pesadilla infernal.

Fueron momentos de pánico e histeria, pero el horror no dejó sangre, por fortuna para todos. En medio del caos, viene otra turbamulta de cientos de personas con machetes en las manos, decididos a consumar un ‘leonelicidio‘. Sin embargo, funcionarios de Naciones Unidas sacan sus armas y disparan contra la enardecida multitud, y unos helicópteros dominicanos, ya alertados, realizan vuelos rasantes y dispersan a la multitud.

El presidente se ha salvado. Tres miembros de su seguridad, empero, quedan atrapados en suelo haitianos, por lo que deben darse a la fuga. Esconden sus armas y se refugian en el hogar de una familia haitiana, que los acoge con más compasión que caridad. Allí amanecen hasta que, unas horas después, logran salir de Haití (quizá para siempre). Es posible que esa ausencia sea la misma de Leonel, que desde aquel suculento almuerzo no haya vuelto jamás a Haití, y quizá nunca más regrese a la tierra de Guy Phillipe.

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