República Dominicana conmemora cada 21 de enero el Día de la Virgen de la Altagracia, con el fin de rendir tributo y honrar a la madre protectora y espiritual del pueblo dominicano, la Virgen María.
Esta celebración tiene profundas raíces tanto religiosas como culturales, y refleja la devoción del pueblo dominicano.
Todo inició en la antigua Isla Española, hoy nuestra bella República Dominicana, donde se plantó la primera cruz y se celebró la primera misa; donde se rezó el primer Avemaría y se inició el anuncio de la Buena Nueva del Evangelio en el continente americano.
En esta tierra se estableció el primer santuario mariano de América, el de Nuestra Señora de la Altagracia, ubicado en la Villa de Higüey, donde cientos de devotos católicos acuden para profesar su fe a quien es conocida, además, como “Tatica”.
La devoción a la Virgen de la Altagracia tiene sus inicios en el siglo XVI. Según la tradición, unos colonos españoles llevaron a la isla un cuadro de la Virgen María.
La leyenda cuenta que una joven pidió a su padre un cuadro de la Virgen, y milagrosamente apareció una pintura que representaba a María en la advocación de la Altagracia. Esta imagen se convirtió en objeto de veneración por los habitantes.
El 20 de enero específicamente en la noche muchos llegan a la Basílica de Higüey y en los alrededores rezan, cantan salves y tocan palos o atabales hasta las primeras horas de la mañana cuando comienzan la misa y la gran celebración.

Pero está no es la única celebración que se realiza, con el propósito de rendir tributo, a parte de las misas, procesiones y prender una vela blanca durante siete días, sin perfume, en vidrio, para la Virgen de la Altagracia.
También en algunos pueblos y campos del país se hacen actos litúrgicos, fiestas de los famosos palos o atabales, en las que muchas familias celebran con reuniones y actividades culturales en honor a la Virgen.
Cada año muchos católicos devotos de esta virgen, hacen promesas, como parte de una tradición en la que el creyente pide a la Virgen y le promete realizar algo a cambio, para que se le conceda lo deseado; para ello, se le rezará una cantidad específica de rosarios, mientras otros peregrinos prometen caminar desde sus hogares, sin importar la distancia, hasta llegar a la Basílica.
Todavía es común ver a muchos creyentes que, como promesa, llevan imágenes elaboradas en cera, similares a los órganos del cuerpo humano que fueron curados por la Virgen.
Para los dominicanos la Virgen de la Altagracia refleja de manera sublime y espiritual, ese firme amor de madre que con devoción se ha convertido en un gesto de grandes manifestaciones, un puente de unidad, coraje e inspiración.




