Parqueos residenciales, centros comerciales y universidades desbordados; dealers con vehículos nuevos bajo el agua; autos flotando con sus conductores encima tratando de salvar sus vidas; portones eléctricos arrancados por la corriente; tapones interminables hasta altas horas de la noche; y empleados varados por horas en sus lugares de trabajo.
Ese fue el panorama que vivió el país hace tres años, cuando el viernes 4 de noviembre de 2022, un inesperado “diluvio” cubrió el Gran Santo Domingo, dejando un saldo trágico de nueve personas fallecidas y daños materiales estimados en más de mil millones de pesos.

Calles convertidas en ríos
Debido a las lagunas que se formaron en las calles, el agua superaba la altura de las ruedas de los automóviles e incluso alcanzaba puertas y ventanillas, llegando en ocasiones casi hasta la capota.
Los pocos transeúntes que se atrevían a caminar veían cómo el agua les llegaba hasta las rodillas.
El Metro de Santo Domingo también se inundó, al igual que aparcamientos como el de la Facultad de Odontología de la Universidad Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), donde el agua entró a los laboratorios.
La Avenida 27 de Febrero, principal arteria vial del Distrito Nacional se convirtió en un caos total, entre bocinas, sirenas y vehículos atrapados.
Videos difundidos en redes sociales mostraban escenas impactantes: un hombre sobre el techo de su auto mientras la corriente arrastraba plásticos, basura y todo lo que encontraba a su paso.
Una lluvia que superó todos los pronósticos
La directora de la Oficina Nacional de Meteorología (Onamet), Gloria Ceballos, reportó que entre las 5:00 y las 8:00 de la noche cayeron 70 milímetros de lluvia, equivalentes al 70 % del promedio de precipitaciones del mes de noviembre en apenas tres horas.
Los torrenciales aguaceros comenzaron al caer la tarde, y en cuestión de minutos inundaron calles, viviendas, puentes, parqueos y avenidas, dejando a cientos de personas atrapadas sin poder regresar a sus hogares.
Pasadas las siete de la noche, las redes sociales se llenaron de videos y fotografías que mostraban el caos absoluto en la capital. Muchos ciudadanos abandonaron sus vehículos para salvar sus vidas ante la incesante lluvia.

Santo Domingo bajo el agua
El nivel de pluviometría desbordó la capacidad del sistema de alcantarillado, convirtiendo a Santo Domingo en un auténtico mar de corrientes.
Las avenidas 27 de Febrero, John F. Kennedy, Abraham Lincoln y Máximo Gómez, que cruzan la ciudad de norte a sur y de este a oeste, se tornaron intransitables.
La desesperación de los conductores, que invadieron todos los carriles intentando avanzar, agravó el colapso del tránsito, mientras el agua seguía subiendo sin control.
El evento puso en evidencia la falta de un sistema de drenaje pluvial eficiente y la limitada capacidad de los radares meteorológicos para emitir alertas tempranas.
Aunque la Onamet había pronosticado lluvias, la magnitud del fenómeno superó las previsiones y dejó a la población sin tiempo para prepararse.
Tres años después, el recuerdo del 4 de noviembre de 2022 sigue siendo un llamado a fortalecer la planificación urbana, las infraestructuras de drenaje y los sistemas de prevención ante fenómenos extremos.





