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sábado 14, marzo, 2026

Entre listas y esperanzas: lo que la psicología dice sobre los propósitos de Año Nuevo

Cada enero llega como una hoja en blanco. El calendario se reinicia y, con él, la esperanza de convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos. Gimnasios llenos, agendas recién compradas, aplicaciones de idiomas descargadas y listas interminables de propósitos marcan el inicio del año. Sin embargo, a medida que avanzan las semanas, muchos de esos compromisos se desvanecen. La pregunta es inevitable: ¿fallamos nosotros o fallan los propósitos de Año Nuevo?

Desde la psicología, la respuesta no es tan dura. Para la psicóloga española María Jesús Álava Reyes, autora de La inutilidad del sufrimiento, proponerse metas no es un error; el problema surge cuando se confunde motivación con autoexigencia. “Plantearse un propósito es un acto poderoso: nos obliga a mirarnos, a pensar qué queremos cambiar y hacia dónde deseamos ir”, explica

De acuerdo María Jesús Álava Reyes, los propósitos de Año Nuevo pueden convertirse en una poderosa herramienta de motivación si se plantean de forma realista. “El simple hecho de definir una metas nos ayuda a enfocar la energía y a visualizar lo que queremos lograr”, explica la especialista, quien subraya la importancia de que los objetivos sean claros y alcanzables.

La mente detrás de las metas

Desde la psicología, los propósitos se apoyan en el concepto de autoeficacia, es decir, la creencia de una persona en su capacidad para lograr lo que se propone. Cuando las metas son realistas, cada pequeño avance refuerza la confianza personal y genera bienestar emocional. Este proceso, conocido como refuerzo positivo, alimenta la motivación y anima a seguir avanzando.

Además, establecer objetivos al inicio del año aporta estructura, sentido de dirección y una visión a largo plazo, elementos fundamentales para la salud mental. Diversos estudios señalan que el cerebro responde de forma positiva al trazado de metas, activando los sistemas de motivación y recompensa.

Cuando los propósitos se vuelven una carga

No obstante, los expertos advierten que no todos los propósitos son beneficiosos. María Jesús Álava Reyes alerta que fijarse metas excesivamente ambiciosas o inalcanzables puede provocar frustración, culpa y una disminución de la autoestima. “El fracaso constante termina convirtiéndose en una fuente de estrés”, señala.

A esto se suma la falta de planificación. El psicólogo clínico Javier García Campayo, profesor de la Universidad de Zaragoza, explica que no basta con desear un cambio. “Un propósito necesita una estrategia clara y pasos definidos; de lo contrario, se abandona con facilidad”, afirma.

Las redes sociales también juegan un papel importante. La presión por “mejorar en todo” y mostrar resultados inmediatos puede generar sobrecarga emocional y expectativas poco realistas, afectando negativamente la salud mental.

Claves para propósitos saludables

Los especialistas coinciden en que la clave está en cómo se formulan los objetivos. Para que los propósitos de Año Nuevo sean un impulso y no una fuente de frustración, recomiendan:

  • Definir metas específicas y medibles, en lugar de deseos vagos.
  • Dividir los objetivos en pequeños pasos, que faciliten el avance progresivo.
  • Mantener flexibilidad, entendiendo que no todo se logra de inmediato.
  • Celebrar cada avance, por pequeño que sea.
  • Priorizar el bienestar emocional, por encima de la perfección.

En conclusión, ponerse propósitos al iniciar el año sí puede marcar una diferencia positiva. La psicología coincide en que las metas claras y realistas fortalecen la motivación y el bienestar, siempre que se planteen con planificación y autocompasión. Como resume María Jesús Álava Reyes, “lo esencial no es llegar rápido, sino disfrutar y aprender del camino hacia nuestros objetivos”.

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