El Sermón de las Siete Palabras y el significado de cada frase

SANTO DOMINGO.- Durante toda la Semana Santa, el cristiano conmemora la vida, muerte y resurrección de Jesús, siendo el Viernes Santo el día más importante ya que en este se efectuó la crucifixión de Jesús, y, por ende, las últimas frases de Jesús antes de morir, acto que se conoce comúnmente como «Las Siete Palabras de Jesús».

Las “siete palabras” es como se denomina a las siete últimas palabras que Jesús dijo durante su crucifixión.

De acuerdo señala la Compañía de Jesús, llamados también los jesuitas, la tradición del Sermón de las Siete Palabras “inició en el siglo XVII por un sacerdote jesuita en Perú”, quien realizó “meditaciones para el Viernes Santo” a partir de las últimas frases de Jesús.

Este día, la Iglesia Católica mediante el Sermón de las siete palabras explica su posición sobre las principales problemáticas que tiene el país y, en su punto de vista las supuestas irregularidades cometidas por el gobierno.

Las primeras tres palabras provienen del libro de Lucas y de Juan,​ la cuarta del de mateo, mientras que la restante está al igual que las primeras en los libros de Lucas y de Juan.

En República Dominicana el sermón se realiza regularmente en la Catedral Primada de América. Este año iniciará a las 1 de la tarde.

¿Qué significa cada palabra?

1. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”

La primera de las siete palabras de Jesús en la Cruz es para pedir perdón. Desde el dolor inenarrable de su amor, Cristo pide perdón. Su voz se eleva al Padre. ¿Acaso podía ir a otro lado? De Él venía. A Él volvía. El círculo completo de su presencia en el mundo tiene su broche en la Cruz.

2. “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso”

En esta segunda palabra, Cristo se refiere a la promesa. Después de una cadena de rechazos, que como un látigo crudelísimo laceraba su carne, una voz exangüe emite la tardía confesión de fe. “Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino”.

3. “Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre”

Un gesto de ternura. Misericordia que no necesita justificarse. Ante la madre, nunca hace falta justificarse. Ante el discípulo amado, ante el amigo, tampoco. Dichosos los pechos que te amamantaron. Dichoso el que cumple la voluntad de Dios. La nueva familia se estrecha al pie de la Cruz, donde el dolor no se esconde, pero enjuga las lágrimas con el más delicado cariño. Quiéranse. Ya no estaré yo entre ustedes, pero en su amor perseverante me encontrarán. Cuídense mutuamente. Háganse cargo uno del otro, y a la vez de toda la Iglesia

4. “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”

Una confesión. Dura. La más dura del Evangelio. Que nunca entenderemos ni experimentaremos como Él. Y para que no haya duda, la testimonian dos evangelistas. Habla al Padre, lanzando al infinito el dardo incomprensible del corazón desgarrado. No podemos medir el infinito. Pero sabemos que un abandono infinito le sacude el alma. ¿Cómo es posible? Porque el abismo infinito de su perdón es mayor que el equilibrio del cosmos.

5. “Tengo sed”

Esta quinta, de las 7 Palabras de Cristo en la Cruz es el anhelo. Anhelo acuciante. Sed. La de la cierva que busca corrientes de agua. La del místico que intuye en la noche la gracia. La del ser humano que ha visto resquebrajarse por la sequedad la tierra de sus deseos. Dios nos enseña a no rendirnos, precisamente ahí donde parecería que ya no hay nada que esperar. ¿Para qué suplicar por agua cuando se está en el precipicio de la muerte? ¿Tiene acaso sentido entonces suplicar aún? Y, sin embargo, Cristo lo hace. Y con Él, la humanidad fatigada. Que en realidad no se rinde. No se rinde nunca. Más aún, al borde del fracaso se desencadena el caudal inconmensurable a punto de estallar. Brotará de su corazón, el torrente de agua viva prometida.

6. “Todo está cumplido”

Amanece. Despunta el día. Sólo desde la Cruz se alcanza a ver. Es el puesto del vigía, el vigía de la humanidad. El barco aún no recibe la noticia, pero el vigilante la conoce ya. Ha triunfado el amor. La misericordia ha decretado su juicio. Nada es imposible ahora para el que ama en la verdad, para el que adora en Espíritu, para el que se signa con la Cruz. El Amén de Dios es al mismo tiempo el Amén del hombre. Se ha sellado el pacto, el pacto último. Se ha pronunciado la última palabra. Que no será la última, sino la primera. No hay un solo hilo que se haya corrido hacia el absurdo.

7. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”

La última de las 7 palabras de Cristo en la Cruz es también la cercanía definitiva. La entrega total, sin reserva. La palabra de confianza plena. La mayor libertad, la mayor verdad, el mayor amor, se realiza en la entrega. El Hijo se entrega. Y así nos muestra el camino. Nadie tiene amor más grande. Ser espíritu es poder entregarse. El espíritu le da sentido a la carne. Entregarse al Padre es cerrar todo ciclo posible. Es ser feliz. Ahí donde parece agonizar la esperanza, la certeza es ya visión y ofrenda. La misericordia no es vacío ni renuncia, sino donación y recreación.

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