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sábado 25, abril, 2026

El Jet Set y los errores de una tragedia

Por: Nelson Mateo

SANTO DOMINGO.- El colapso del techo de la discoteca el Jet Set, ocurrido el pasado 8 de abril, representa la mayor tragedia de su tipo en la historia de la República Dominicana.

El país lloró el desastre que dejó un saldo de 235 personas fallecidas (cifra fijada por el Ministerio Público), 189 heridas y más de 135 niños huérfanos. Entre las víctimas se encontraba uno de los artistas más reconocidos del país: Rubby Pérez, la voz más alta del merengue.

La magnitud del suceso conmovió a toda la nación. Periodistas rompieron en llanto en plena transmisión en vivo. Manuel Méndez, al frente del cuerpo de rescate, no pudo contener las lágrimas mientras anunciaba la recuperación de más cadáveres.

El dolor fue tan profundo que incluso el presidente Luis Abinader, rompiendo todo protocolo de seguridad, acudió personalmente a la “zona cero” esa misma mañana.

Las muestras de solidaridad llegaron desde Moscú, Washington y el Vaticano. Fue, sin duda, un hecho que sensibilizó al mundo.

El propietario del establecimiento colapsado, el empresario Antonio Espaillat, regresó de inmediato al país, pero guardó silencio y nunca visitó el lugar del desastre. Más adelante, explicó en un programa exclusivo que había seguido el consejo de sus asesores legales.

Cada uno de sus movimientos se enmarcó en una estrategia de comunicación, que se hizo evidente cuando, quince días después del colapso, rompió el silencio en una entrevista televisiva claramente preparada.

El escenario, los colores del vestuario, el tono de la conversación… todo evidenciaba una aparición calculada. Sin embargo, la estrategia —aunque necesaria— resultó errónea tanto en la forma como en el fondo, y el momento elegido para la intervención fue tardío.

Aparecer dos semanas después en una entrevista dirigida no generó el impacto deseado. La sociedad ya estaba profundamente dolida y sensibilizada, no solo por los 236 fallecidos, también por las conmovedoras escenas de familiares y amigos en busca de sus seres queridos, incluyendo las del presidente llorando en medio de un efusivo abrazo que ofreció a un humilde voluntario del organismo de rescate. Esa fotografía recorrió el mundo.

Una aparición temprana de Espaillat en el lugar de la tragedia, donde trabajó junto a su hermana en semanas anteriores y donde también perdió amigos y allegados, pudo haber mejorado la percepción pública. Su presencia y expresión de dolor, en un sitio donde él mismo pudo haber perdido la vida, habrían humanizado su figura y quizá modificado la percepción, posiblemente injusta, que hoy se tiene de él.

Era el momento preciso para sumarse a la escena y, junto a los familiares y otros dolientes, sufrir el desastre y no abandonar un escenario capaz de crearle el domo de hierro que aminoraría las críticas, la presión social y el populismo judicial que le esperaban ineludiblemente.

Además, exponerse a una batería de periodistas en el mismo lugar del hecho, carente de pocas informaciones, llegando directamente del viaje en el que se encontraba, le ofrecía ciertas ventajas. Sin dudas, era el lugar y el momento más idóneos para enfrentarse a los reflectores y hablar al país sobre una desgracia en la que pudo ser una víctima directa.

Su prolongado silencio y reaparición cuidadosamente ensayada lo mostraron distante del dolor social que aún persiste, y solo sirvió para que, a la velocidad de las redes sociales, la gente fuera bombardeada por una serie de informaciones generadoras de preguntas que la veterana Edith Feble no le hizo y que, dos meses después de la tragedia, aún esperan por respuestas.

En toda estrategia de comunicación, el factor tiempo es determinante, especialmente cuando la sensibilidad social está a flor de piel, operando en contra, amplificada por imágenes desgarradoras circulando sin cesar en redes sociales y medios tradicionales.

A estos errores se sumó el permitir, como vocero principal de su defensa pública, a un periodista que, a pesar de su lealtad y capacidad incuestionables, su relación con el órgano persecutor no es la mejor. En un correcto plan de comunicación, siempre es importante cuidar lo que el jurista Julio Cury llama la relación entre continente y contenido: la forma y el fondo, el mensaje y el mensajero.

Y es que, con el vertiginoso avance de la comunicación digital, impulsado por el internet y las redes sociales, toda estrategia comunicacional debe ser rápida, sensible y precisa, elementos claramente descuidados durante todo el proceso, por el que hoy ha sido detenido el empresario y su hermana, acusados por el Ministerio Público de negligencia y homicidio involuntario, pendiente de la regularización de su prisión y un juicio en el que las querellas superan las 90, y se esperan otras más.

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