Madrid (EFE).- El cinco de abril de 1955 Winston Churchill dimitía como primer ministro y líder del Partido Conservador británico ante el deterioro de su salud, aunque continuó como diputado.
Con esta decisión, se cerraba un capítulo crucial de la historia política del Reino Unido y del siglo XX.
Churchill, símbolo de resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, había regresado al poder en 1951, tras una breve etapa laborista, en medio de una Europa que aún se reconstruía. Su segundo mandato estuvo marcado por los retos de la posguerra, la Guerra Fría y la lenta descolonización del Imperio Británico. Sin embargo, el desgaste físico y los efectos de varios accidentes cerebrovasculares terminaron imponiéndose.
A sus 80 años, Churchill entendía que no podía seguir liderando con la misma fuerza de antes. Cedió el liderazgo a Anthony Eden, su eterno número dos, cerrando su carrera como jefe de Gobierno pero no su influencia política: siguió en la Cámara de los Comunes hasta 1964, testigo del declive de la era imperial que él tanto defendía.




