Por primera vez desde el 7 de octubre, la Administración de Joe Biden ha paralizado una entrega de armas a Israel, un paso que no es definitivo pero muestra la creciente frustración de Washington con el Gobierno de Binyamín Netanyahu y, en particular, con su anunciada ofensiva militar sobre Rafah.
La venta congelada afecta en concreto a 1.800 bombas de unos 900 kilos, cuyo potencial uso en una zona urbana tan densamente poblada como Rafah EEUU ve especialmente problemático, así como otras 1.700 bombras de unos 225 kilos. La información, que había adelantado hace unos días el portal Axios citando a fuentes israelíes, fue confirmada el martes por la noche por fuentes del Gobierno estadounidense y ha sido ratificada en público este miércoles por el secretario de Defensa, Lloyd Austin.
«Hemos dejado muy claro desde el principio que Israel no debería lanzar un gran ataque en Rafah sin tener en cuenta y proteger a los civiles que están en ese espacio de batalla», ha dicho el jefe del Pentágono en una comparecencia ante el Senado.
Washington también ha puesto bajo estudio envíos futuros de otro armamento. Está paralizada la venta de 6.500 unidades JDAM (Joint Direct Attack Munitions), un equipamiento que permite convertir bombas no guiadas (las llamadas ‘bombas tontas’) en municiones de precisión.
Aunque se informó en enero al Congreso de ese acuerdo de venta, la Casa Blanca no ha avanzado en su implementación y ahora está bajo estudio del Departamento de Estado. El Gobierno de Biden, además, tampoco ha dado al Congreso la notificación oficial sobre otro acuerdo de venta de 1.000 millones de dólares que incluye munición de tanques, vehículos militares y rondas de mortero.
Cualquiera de esas decisiones, según las fuentes del Ejecutivo estadounidense, puede cambiarse en cualquier momento a discreción de la Casa Blanca. Y Austin también ha subrayado ante el Senado que «no se ha adoptado una decisión definitiva sobre cómo proceder con el envío» de las bombas.
Línea roja borrosa
Tanto en público como en privado así como en las comunicaciones con Netanyahu Biden lleva tiempo mostrando su oposición a que Israel acometa una operación militar en Rafah contra Hamás si no hay un plan para minimizar las víctimas civiles, algo que la Casa Blanca ve cada vez más impracticable.
Te puede interesar: Zoológico usa perros disfrazados de panda para atraer visitantes
La peligrosa tendencia de «surfear en el metro» cobra otra vida en NY
Según los datos del Ministerio de Salud de Gaza, ya han muerto más de 34.800 personas en la Franja desde que Israel abrió la guerra en respuesta a los ataques de Hamás del 7 de octubre.
Biden llegó a marcar esa incursión como una «línea roja», aunque también ha hecho borroso ese ultimátum. Ha logrado una aprobación suplementaria de 827 millones de dólares en armas y equipamiento. Y el martes insistía en un discurso en su alianza inquebrantable con Tel Aviv. «Mi compromiso con la seguridad del pueblo israelí, Israel y su derecho a existir como un estado judío independiente es férreo, incluso cuando estamos en desacuerdo«, dijo en un acto en el Capitolio en recuerdo de las víctimas del Holocausto.
Amenaza sobre Rafah
Mientras las fuentes del Gobierno de EEUU insistían el martes en su anuncio sobre la paralización de la entrega de bombas en que «Israel no debe lanzar una operación terrestre a gran escala en Rafah, donde más de un millón de personas se refugian sin ningún otro lugar al que ir», los pasos que acercan esa gran ofensiva siguen intensificándose.
En los últimos días Israel ha ordenado la evacuación de 110.000 personas, ha lanzado ataques aéreos en respuesta a un ataque el fin de semana en el que murieron cuatro soldados israelís, ha metido tanques en Rafah y ha tomado control y cerrado el paso con Egipto (algo que junto al cierre del cruce de Kerem Shalom, reabierto este miércoles, la portavoz de la Casa Blanca tildó de “inaceptable”).
Presión creciente
Con las protestas propalestinas de estudiantes caldeadas y un rechazo a la política de Biden hacia Israel que se está palpando en las primarias y amenaza con derramarse hasta las elecciones presidenciales de noviembre, el mandatario enfrenta también presión creciente desde el Partido Demócrata para paralizar o limitar la entrega de armas a Tel Aviv.





