Cada 18 de febrero se conmemora el Día Internacional del Síndrome de Asperger, en honor al cumpleaños de su descubridor, el psiquiatra austriaco Hans Asperger, quién identifico un comportamiento similar y poco frecuente en un grupo de niños.
El Síndrome de Asperger suele diagnosticarse entre los cuatro y los once años. El cerebro de la persona con Síndrome de Asperger funciona de manera diferente a la habitual, especialmente en la comunicación e interacción social y en la adaptación flexible a las demandas diarias.
La persona con Síndrome de Asperger tiene dificultades en la comunicación social y en la flexibilidad de pensamiento y comportamiento. Sin embargo, tiene un lenguaje fluido y una capacidad intelectual media e incluso superior a la media de la población.
Algunos lo definen como una forma de autismo de alta funcionalidad, ya que comparte con este varias características. La persona con Síndrome de Asperger tiene como particularidad frente al autismo que cuenta con un lenguaje fluido y una capacidad intelectual media o superior a la media.
Un adolescente con síndrome de Asperger necesitará de un entorno de apoyo, respecto y comprensión. Se le debe motivar a participar en situaciones que refuercen su autoestima, mejoren su imagen y faciliten la integración en el grupo. También es conveniente proporcionarle estrategias de autocontrol, ayudarle a analizar su conducta, enseñarle a tener una imagen positiva y realista sobre sí mismo y que siga un programa de actividad física orientado a la salud, y no a la competición.





