Agencias.- El árbol de Navidad es uno de los símbolos más emblemáticos de las fiestas de fin de año. Su armado marca el inicio de la temporada navideña y representa un momento de unión familiar, donde la fe, la esperanza y la alegría se combinan en una costumbre que ha trascendido siglos y fronteras.
En muchos países, la tradición indica que el árbol se arma a principios de diciembre, aunque la fecha más extendida es el 8 de diciembre, día en que la Iglesia Católica celebra la Inmaculada Concepción de María. Esa jornada suele marcar el comienzo oficial de las celebraciones navideñas, cuando las familias decoran sus hogares con luces, guirnaldas y adornos.
El sentido religioso de esta práctica resalta valores como la fe, la empatía y la caridad, en honor a la Virgen María, concebida libre de pecado original según la doctrina católica. Además, simboliza el inicio del Adviento, período de preparación y reflexión previo a la Navidad.
El origen del árbol de Navidad se remonta a las culturas nórdicas y celtas, mucho antes del cristianismo. Durante el solsticio de invierno, estos pueblos decoraban robles con frutas y velas para celebrar el renacimiento de la naturaleza y atraer fertilidad. Con el tiempo, ese árbol sagrado fue conocido como el árbol de la vida.
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El paso hacia la tradición cristiana ocurrió en el siglo VIII, cuando San Bonifacio, en Alemania, cortó un árbol usado en rituales paganos y plantó un abeto, símbolo de vida eterna. Lo adornó con manzanas y velas, representando el pecado original y la luz de Cristo. Con los siglos, las manzanas se transformaron en esferas de colores y las velas en luces eléctricas, extendiéndose la costumbre por toda Europa y América.
Hoy, la tradición se mantiene viva en todo el mundo, con pequeñas variaciones culturales. En algunos lugares se arma el árbol el primer domingo de Adviento, en otros el 1 de diciembre, y muchos esperan hasta el 8 de diciembre para hacerlo. En cualquier caso, el acto simboliza el comienzo de una época de reencuentro y esperanza.
A la hora de decorarlo, se recomienda combinar luces blancas o de colores, esferas de distintos tamaños, guirnaldas, cintas y lazos distribuidos de forma equilibrada. Los adornos caseros, como fotografías o figuras hechas a mano, aportan un toque especial, mientras que los detalles naturales —piñas, ramas secas o frutas— dan calidez y autenticidad.
Más que un adorno, el árbol de Navidad es un símbolo universal de esperanza, gratitud y unión, que cada diciembre renueva el espíritu festivo y familiar en los hogares del mundo.
(Fuente: INFOBAE)




