En medio de tensiones geopolíticas, amenazas arancelarias y un comercio internacional cada vez más fragmentado, Canadá está redefiniendo su estrategia económica exterior. El gobierno canadiense ha comenzado a fortalecer sus vínculos con China, en una señal de que Ottawa busca diversificar sus mercados y reducir su histórica dependencia comercial de Estados Unidos.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, resumió recientemente este enfoque con una frase que refleja el giro pragmático de su política exterior: “Tomamos el mundo tal como es, no como quisiéramos que fuera”. Según el mandatario, el escenario internacional ha cambiado y mejorar las relaciones con China posiciona a Canadá de forma más favorable frente al nuevo orden económico global.
Para Canadá, la relación con el gigante asiático no es un simple complemento comercial, sino un componente estructural de su estrategia económica. El tamaño del mercado chino y su capacidad de absorber grandes volúmenes de exportaciones lo convierten en uno de los pocos destinos capaces de sostener el modelo exportador canadiense.
Productos clave de la economía canadiense —como la canola, la langosta, el gas natural licuado (GNL) y los minerales críticos— encuentran en China una demanda que otros mercados no han logrado igualar. Pocas semanas después de una visita oficial a Beijing, importadores chinos adquirieron alrededor de 650 mil toneladas métricas de canola canadiense distribuidas en diez cargamentos, una operación que representó más del 10 % de las importaciones chinas de ese producto.
El acercamiento también se ha reflejado en la reapertura de mercados agrícolas. China autorizó nuevamente la entrada de carne de res proveniente de 20 plantas procesadoras canadienses, lo que devuelve a Canadá el acceso a uno de los mayores mercados importadores de carne del mundo. Antes de que las exportaciones fueran suspendidas en 2021, los envíos canadienses de carne de res al país asiático superaban los 200 millones de dólares anuales.
Para el sector agropecuario canadiense, la decisión tiene un impacto directo en miles de productores. “Cada mercado es importante para los ganaderos y agricultores de Canadá; fortalece la resiliencia y el crecimiento de nuestra industria”, señaló Tyler Fulton, presidente de la Asociación Canadiense de Ganaderos.El restablecimiento del comercio también abarca otros sectores. China reabrió su mercado a la carne de cerdo canadiense y a la genética bovina proveniente de instalaciones certificadas, y además se comprometió a agilizar la autorización de productos de alimentos para mascotas fabricados en Canadá.
Desde Ottawa, el ministro de Comercio Internacional, Maninder Sidhu, aseguró que estos acuerdos forman parte de una estrategia pragmática de política comercial. “Estas medidas abren un mercado importante para nuestros agricultores y pescadores y reflejan un enfoque práctico que apoya los empleos en Canadá y mantiene al país competitivo a nivel global”, afirmó.
El sector energético también juega un papel clave en esta reconfiguración comercial. A medida que el gobierno canadiense busca diversificar sus exportaciones energéticas más allá del mercado estadounidense, la demanda china de gas natural licuado, combustibles más limpios y minerales estratégicos para la fabricación de baterías y vehículos eléctricos se convierte en una oportunidad.
Tras la ampliación del oleoducto Trans Mountain, los envíos de petróleo canadiense a China aumentaron significativamente, con un crecimiento cercano al 84 % en apenas un año. Como resultado, China pasó a convertirse en el principal comprador de crudo canadiense.
El gobierno canadiense también espera que el capital y la cooperación tecnológica china contribuyan al desarrollo de proyectos vinculados a minerales críticos, fundamentales para la industria de vehículos eléctricos y la transición energética.
La ministra de Industria, Mélanie Joly, sostuvo que estos acuerdos podrían fortalecer sectores estratégicos de la economía canadiense, en particular la industria automotriz. Según la funcionaria, la cooperación con China abre oportunidades de inversión y posiciona a Canadá como un socio relevante en la manufactura de vehículos de nueva generación.
Más allá de los acuerdos puntuales, la estrategia canadiense apunta a un objetivo mayor: diversificar sus socios económicos para reducir la vulnerabilidad ante medidas comerciales de una sola potencia.
En un escenario internacional marcado por rivalidades entre grandes potencias y cadenas de suministro en transformación, países de tamaño medio como Canadá buscan ampliar su red de relaciones económicas. Y, en ese contexto, el peso de China en la economía mundial hace cada vez más difícil que sea ignorada.
Para Ottawa, el mensaje parece claro: en el nuevo mapa del comercio global, mantener una relación pragmática con Beijing podría ser una de las claves para asegurar su crecimiento en las próximas décadas.




