AFP.-La ola de calor que azota el oeste de Canadá y Estados Unidos habría ocurrido aún sin el cambio climático. Pero la amplitud y severidad de las altas temperaturas indudablemente se multiplicaron por las alteraciones en el ambiente, afirman expertos.
Los estados de Washington y Oregon, en el este y oeste de Estados Unidos, respectivamente, así como la provincia canadiense de Columbia Británica, se asfixiaron esta semana con temperaturas récords que causaron docenas de muertos.
Otros miles de personas debieron abandonar sus casas debido a decenas de incendios en Columbia Británica y California.
«Esta es una de las olas de calor más extremas que hemos visto en muchos años en la Tierra en términos de desviación de las condiciones típicas en esta parte del mundo», dice Daniel Swain, experto climático en la UCLA, explicando un fenómeno cuya «magnitud y persistencia» son «genuinamente chocantes».
«Es muy raro que se rompan los récords absolutos de temperatura por más de un grado. En este caso, esos récords fueron arrasados», afirma.
La localidad de Lytton, 250 km al noreste de Vancouver, se sofocó el martes a 49,5 grados Celsius, la mayor temperatura jamás registrada en Canadá. En Oregon, las temperaturas eran superiores a la máxima registrada en Las Vegas, en medio del desierto de Nevada. Todo esto en una región de clima normalmente templada en esta época del año.
El fenómeno detrás del calor asfixiante es llamado «cúpula de calor»: el aire caliente queda atrapado por frentes de alta presión, y al caer empujado hacia el suelo, se calienta aún más.
«Es como el inflador de una bicicleta», explica Philip Mote, profesor de ciencia atmosférica en la Oregon State University. «»Si comprimes aire en la llanta de una bicicleta, el aire se calienta».
Esa condición también impide que se formen nubes, lo que lleva a que el suelo reciba más radiación del sol.
Esas condiciones no son inéditas. «El patrón era similar a la manera como siempre hemos tenido nuestras olas de calor», declara a la AFP Karin Bumbaco, experta climatica de la Universidad de Washington. «Pero esto fue mucho más intenso que lo usual», acota.





