Beirut, EFE.- Tras la puerta acorazada del último piso de un edificio del barrio de Daura de Beirut, una veintena de mujeres y niños africanos solo piensan en «volver a casa» para huir de los bombardeos de Israel. Sin embargo, estos migrantes están atrapados en el Líbano sin dinero ni pasaportes, en manos de «empleadores» que han escapado del país o bien rechazan devolvérselos.
Mariama es una de las alrededor de 250.000 trabajadoras domésticas extranjeras en el Líbano, donde varias ONG denuncian que existe una suerte de «esclavitud moderna» bajo el sistema de ‘kafala’ o patrocinio, un régimen de explotación que somete a los migrantes a la voluntad de sus empleadores, así como su estatus legal en el país.
«Quiero volver a mi casa por la situación en el Líbano. Pero estoy sin trabajo y mi patrocinador se ha quedado con mi pasaporte», denuncia a EFE esta mujer de 30 años originaria de Sierra Leona. Aterrizó en Beirut hace un lustro pensando que iba a trabajar como enfermera en un hospital, pero su patrocinador le dijo que tenía que hacer de empleada doméstica.
Al negarse, fue abofeteada y encerrada durante una semana sin agua ni comida hasta que se resignó y aceptó hacerlo «para sobrevivir«, relata.





