Sevilla (España).- La IV Conferencia Internacional de la ONU sobre Financiación para el Desarrollo comenzó este lunes en Sevilla (España), con un primer llamado general a reformar la arquitectura financiera internacional para aliviar la deuda de los países en desarrollo y poder invertir en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
La cumbre de la ONU en Sevilla impulsa el multilateralismo con un texto de consenso, a pesar de la retirada de EE UU
Hay dos maneras de acudir este lunes a la IV Conferencia de Financiación para el Desarrollo de Sevilla: celebrando como una victoria que más de medio centenar de líderes mundiales apuestan por el multilateralismo, miran al Sur Global e intentan fijar bases para reformar la maltrecha financiación al desarrollo en un mundo de conflictos y recortes; o lamentando que la declaración final sea tibia, no responda a cuestiones urgentes como la crisis de deuda en los países de menos recursos y pueda tener escaso impacto, ya que Estados Unidos, el mayor donante del mundo, es el gran ausente de la reunión.
El Compromiso de Sevilla es el documento adoptado por consenso con vistas a la cumbre que comenzó ayer con reuniones preparatorias y entra de lleno en materia este lunes tras un año de negociaciones. Ese consenso fue posible, paradójicamente, porque EE.UU se desmarcó del documento final y no tiene intención de estar presente en una cita que representa todo lo que la actual Administración aborrece.
La vicesecretaria general de la ONU, Amina Mohammed, lamentó esta semana su ausencia, que sigue al recorte “catastrófico” de su ayuda al desarrollo.
El documento que está previsto que se adopte formalmente este lunes “es un texto poco ambicioso, que no va a poner fin a la desigualdad y la pobreza, pero es también un compromiso político de alto nivel a favor del multilateralismo y en contra de la consigna ‘que gane el más fuerte’ que predica Washington”, dice a este periódico una responsable de un organismo multilateral que prefiere no ser citada.
Desde que asumió sus funciones en enero, el gobierno de Donald Trump decidió desmantelar USAID, la gran agencia de cooperación estadounidense, lo que según diversos estudios provocará millones de muertos, principalmente en el Sur Global, al interrumpirse tratamientos clave como el de VIH, la tuberculosis o la malaria. Grandes países europeos como Alemania y Reino Unido también han anunciado recortes, en un contexto de crisis económica y aumento de los gastos militares, frente a la volatilidad global. A los recortes, en el caso estadounidense, se el añade un negacionismo climático que le sitúa en las antípodas del texto sevillano.
Fuentes próximas a la negociación explican que había una sensación compartida entre las delegaciones de que justo en este momento de ataque frontal al desarrollo, tocaba cerrar filas. Al final, EE.UU ha quedado aislado frente al resto de la comunidad internacional.
Para Mohammed, Sevilla va a “enviar un poderoso mensaje al mundo de que, a pesar de los persistentes vientos en contra, la cooperación internacional está logrando avances y hay una esperanza renovada en mantener viva la promesa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)”, con los que el mundo se comprometió para 2030, dijo en estos días a la prensa.
Pero, ¿se puede repensar la arquitectura de la cooperación mundial sin EEUU, que hasta hace pocos meses era responsable de más del 40% de la ayuda al desarrollo que circula en el mundo? “Seguiremos animándoles a que se sumen a la conversación”, dijo Mohammed.
La retirada de Washington de Sevilla se ha visto provocada por cuestiones innegociables para el país, como que se tripliquen los préstamos de los bancos de desarrollo, los cambios en las normas fiscales y el uso del término “género” en el documento final. Pero según negociadores presentes en los debates, “cuando los representantes estadounidenses salieron de la sala, hubo un cierto alivio e incluso representantes de movimientos sociales que aplaudieron”.
En el documento final de la capital andaluza, se hace una radiografía de las grandes asignaturas pendientes para lograr un mundo más justo: reestructuración de la deuda, financiación de la lucha contra la emergencia climática, los porcentajes deseables de ayuda al desarrollo, el papel del sector privado, la necesaria transformación de un sistema de cooperación obsoleto, muy fragmentado y por tanto ineficaz, o la transformación del sistema fiscal, por citar algunos ejemplos.
“Cada una de estas líneas ha sido objeto de una negociación exhaustiva”, confesó en estos días la secretaria general de Asuntos Exteriores de la Presidencia del Gobierno español, Emma Aparici.




